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jueves, 9 de junio de 2011

La alimentación y sus encantos

La alimentación de mi hijo ha sido desde que nació, un tema que todos los días me ha causado distintos sentimientos que van desde la frustración, hasta el mas grande orgullo.

Primero viví las dificultades de la lactancia, como ya se los platique antes, y en ese momento yo pensaba en el dia en que finalmente lo pudiera sentar en su silla alta para darle de comer con una cuchara, como comen el resto de los humanos. Empezamos con los sólidos cuando tenía al rededor de cinco meses, y lo que más le gusto fue la zanahoria, se la comió facilísimo y cuando menos me dejó descansar un rato antes de pedirme leche nuevamente.

Confieso que en un principio tenía toda la disposición para hacerle papillas caseras, pero por una extraña razón, mi hijo las escupía como máquina de helado, no le parecían de buen gusto y yo me enojaba y frustraba porque me había tardado tres horas.

Opte por darle gerbers la mayor parte del tiempo, que finalmente como todo lo relacionado con los bebes, puede causar empatía, o la más grande de las controversias.

Algunas mamás me decían que por ningún motivo les darían alimentos enfrascados a sus hijos, "imagínate la cantidad de conservadores y porquería que tienen" comentaban, y sí me quedaba pensando, pero finalmente llegaba la hora de la comida y yo abría la despensa para sacar un delicioso gerber de chayote.

Por el contrario, mi ya famosa Abuela a quién admiro por su excelente sazón y dotes de ama de casa, llegó a comentar que le deberían de hacer un monumento al señor gerber por su extraordinario invento, y decía "lo que hubiera dado yo porque en mis tiempos existieran esas cosas".

En fin, así pasamos de la etapa de las papillas a la comida en corte fino, como elegantemente le llaman en la escuela; empezaron a diluirse un poco las frustraciones porque había más sabores, colores y consistencias para deleitar el paladar de mi pequeño comensal. Aunque nunca me he caracterizado por mis dotes de cocinera, de vez en cuando disfruto de hacer algunos inventos en la cocina, y así como algunos funcionan, otros terminan en el piso, y finalmente en la panza de mi ya gordísimo perro.

Es impresionante como la alimentación, así como la mayoría de los gustos y comportamiento de los niños, tiene que ver con el ejemplo de los padres; aunque mi hijo no es de muy buen comer, a diferencia por ejemplo de mi esposo, ya le empiezan a gustar algunos alimentos que pueden parecer extraordinarios para su edad. Le gustan mucho las verduras como el brócoli, que es mi favorita, y hace unas semanas apantalló a sus Abuelos comiéndose una gigante aceituna verde rellena de pimiento morrón.

Así las cosas, lo que empieza siendo complicado finalmente se vuelve parte de la rutina de todos los días; ahora disfrutamos en familia la hora de la cena, y seguiremos con los experimentos hasta que mi pobre perro explote. mj

Ilustración Carmen Lara

lunes, 6 de junio de 2011

El orden inexistente

Soy una mujer obsesiva con el orden y la limpieza, y aunque eso pudiera parecer algo positivo, tengo que aceptar que vivo agotada mental y físicamente; esa obsesión ha sido parte de mi personalidad desde que era una niña, y en gran parte se la debo a mi Abuela materna, aunque ella misma se sorprende de los alcances de mi fijación por tener las cosas en orden y la casa impecable.

Desde que nació mi hijo, me sorprendió la cantidad de trabajo que implicaba la limpieza de su diminuta ropa, todos los días tenía que tallar camisetas, lavar mamelucos, y lo que más se acumulaba, que eran los trapitos famosos con los que le limpiaba los escupitajos de día y de noche. En ése entonces era cansado, porque tenía que encontrar el momento para lavar cuando él estaba dormido, y algunas veces era la última de mis prioridades, pero definitivamente no se compara a lo que vivo ahora que es un niño más grande e independiente.

Por salud mental, he tenido que aceptar que con un hijo pequeño no es posible conservar las ventanas transparentes, los pisos brillantes y el horno sin pequeñas huellas que evidencian su presencia; pero es indispensable que como mamá, te hagas a la idea de lo importante que es que tus hijos exploren, y saquen las cosas de los cajones, y conozcan los peligros de la casa, aunque eso implique que tengas que estar detrás de ellos todo el tiempo.

También es necesario sacrificar la decoración para garantizar que los espacios sean seguros para los bebés, y eso implica colocar grandes y horribles piezas de plástico en las esquinas de las mesas para evitar chichones, en las puertas para evitar deditos machucados, en los wc's para evitar que avienten objetos o metan las manos al agua sucia, en fin, aún así los riesgos nunca se eliminan por completo, y menos cuando tienes un hijo como el mío que siempre encuentra una actividad u objeto potencialmente mortales.

El orden y la limpieza son placeres o satisfacciones que en gran medida sacrifiqué desde que soy mamá, pero con orgullo puedo decir, que mi hijo poco a poco ha aprendido que las cosas tienen un lugar, y que después de usarlas o jugarlas hay que guardarlas. De ninguna manera espero que él, o que los hijos que llegue a tener, o que alguien más en el universo adquiera esta extraña e incómoda obsesión, pero si espero que cuando crezca un poco más, entienda que su mamá tiene ese gran defecto, y de paso que aprenda a usar el trapeador para cuando se le caiga el "abua". mj

 Ilustración Carmen Lara

viernes, 3 de junio de 2011

Dejar la chamba...



Cuando me enteré que estaba embarazada, mil cosas pasaron por mi mente, como es natural primero pensé en el bebé que venía en camino, hice cuentas de cuando nacería, imaginé desde el principio que sería niño, y después de unos cinco minutos de volar emocionada, pensé ¿Qué va a pasar con mi trabajo?.

Desde que nos casamos, mi esposo y yo hicimos planes serios para tener familia en un corto plazo, y entre esos planes, incluímos un intensivo ahorro para que yo tuviera oportunidad de renunciar a mi trabajo cuando nacieran nuestros hijos; en ese entonces, que todo se veía aún lejano, yo no imaginaba todo lo que pasaría cuando llegara ese momento.

Profesionalmente vivia un momento estable y feliz, tenía un trabajo que disfrutaba, en el que aprendía todos los dias y que me daba la oportunidad de crecer, y esa situación me llevo a cuestionarme durante todo mi embarazo, si realmente quería abandonar lo que tanto me había costado para dedicarme a ser mamá de tiempo completo.

Es un hecho que las dudas se disiparon en el instante en que vi a mi hijo por primera vez, no me podía imaginar que teniendo la oportunidad de estar con él todo el tiempo, decidiera irme a la oficina a perseguir mi desarrollo profesional, pero pensaba en las mamás que por necesidad lo tenían que hacer y compartía su dolor.

Las primeras semanas después del nacimiento de mi hijo fueron tan difíciles, que yo pedía a gritos regresar a mi trabajo, pensaba en mi oficina con escritorio naranja y paredes de cristal, en la convivencia diaria con mis compañeros que si me escuchaban y me respondían, a diferencia de mi hijo que solo me veía, y en todos los proyectos que me emocionaban y que había dejado inconclusos.

No cabe duda que el mundo en el que vivimos ahora es muy distinto al que vivían antes las mujeres, ahora tenemos otras oportunidades, otras expectativas, otras aspiraciones, pero definitivamente la labor de madre nunca perderá valor, y como me lo dijo quien era mi jefa en ese momento, "Abogada vas a ser toda la vida, pero los momentos con tus hijos nadie te los devuelve".

Admiro enormemente a las mamás que van todos los días a trabajar, que aunque regresan agotadas les dedican a sus hijos tiempo de calidad, los bañan, les hacen la cena y les platican, pero tengo que decir que ser mamá las 24 horas del día es igual de cansado, no hay pausas ni chacoteos, no hay la celebración del cumpleaños del compañero, ni tiempo para checar tus correos.

Este tema tiene mucha tela de donde cortar, pero quería empezar por contarles lo difícil que fue para mi tomar la decisión de renunciar a mi trabajo, de dejar a un lado algo que amo, por alguien que amo más. mj

Ilustración Carmen Lara

martes, 31 de mayo de 2011

último de la lactancia... por ahora


El domingo en la noche, como de costumbre, le leí a mi esposo lo que había escrito para nuestras lectoras de Ácido Fólico; le pregunté su opinión y me respondió literalmente: “me parece muy bien, pero ¿no tienes nada feliz que decir?”. Confieso que de entrada, como buena Abogada, me defendí y le di una serie de argumentos, que aún considero válidos, de porqué decidí compartir los momentos difíciles de la maternidad, y en particular de la lactancia, pero tengo que aceptar que finalmente me dormí con una sensación de culpa.

La realidad es que si tengo muchas cosas buenas que decir en relación a la lactancia, en principio, que mi hijo no se enfermó durante los siete meses que yo lo alimenté, que si es cierto que crea un lazo inexplicable, aunque sea de dolor compartido, que me ayudó a recuperar mi peso en poco tiempo, y por qué no, también acepto que me ahorro lavar unos cuantos biberones al día y unos cuántos miles de pesos en las costosísimas fórmulas lácteas.

Es cierto que a veces es mucho más fácil compartir los momentos difíciles, porque te sirve de desahogo y te consuela saber que hay otras mamás que también sufren, y sienten culpa, y se rinden, pero eso no le resta mérito a todos los momentos felices que compartes con tu hijo o hijos, del orgullo que te da cuándo hacen alguna gracia por insignificante que a los demás les parezca, y de la inigualable sensación de cuando solo quieren estar en tus brazos.

Yo acepto que sufrí mucho física y emocionalmente, durante las primeras semanas vivía en una constante lucha entre darme por vencida o no quitar el dedo del renglón, y finalmente opté por vivir el día a día, y así se pasaron los meses.

Hoy ya no me acuerdo del dolor, y estoy dispuesta a vivirlo nuevamente si tengo la fortuna de ser mamá por segunda vez, solo espero tener una mejor suerte. Eso sí, ya nadie me cuenta lo que implica y no me tomará por sorpresa; planeo asolearme topless, como alguien me lo recomendó, para evitar la sensibilidad extrema, y cualquier otro consejo será bien recibido. mj

Ilustración Carmen Lara

miércoles, 25 de mayo de 2011

¿Señora le llevamos a su hijo?

Hoy quiero compartirles mi relación con la lactancia, que después de vivirla puedo decir que le tengo mucho respeto, y que es de lo mas difícil que he tenido que hacer desde que soy mamá.
Desde que estaba embarazada la gente a mi al rededor me empezó a hablar del tema, principalmente de las bondades y de las ventajas de darle pecho a tus hijos, y me sorprendía que siendo algo tan sano y provechoso, la mayoría de las mujeres que conozco que son mamás, por una u otra razón decidieron no amamantar a sus hijos.
Muy pocas personas mencionaron lo doloroso y cansado que puede ser, y cuando lo hacían yo sinceramente pensaba ¿Qué tan complicado puede ser, ¿Cómo te puede doler si los bebés tienen una boquita tan chiquita?... pues si, efectivamente duele y mucho, cuando menos en mi caso, por que hay algunas mujeres privilegiadas, o muy valientes como mi hermana, que se pegaba a su hija y en cinco minutos le daba de comer.
El día que nació mi hijo intente darle de comer por todos los medios, abría su enorme boquita, si eso tiene algún sentido, sin emitir sonido alguno, y cuando me lo pegaba se quedaba profundamente dormido. En la noche cuando se lo llevaron a los cuneros me visitó el pediatra, le comenté que no le había dado pecho probablemente por que no tenía hambre, y de inmediato me corrigió y me comento que con las enfermeras se había tomado no se cuantos millones de onzas de formula. Esa noche fue una de las peores de mi vida, mi esposo agotado se durmió en cuanto puso la cabeza en la almohada, y yo pase horas pensando en la pésima mamá que sería si ni siquiera podía alimentar a mi hijo.
Al dia siguiente me desperté un poco mas tranquila, por fin me bañe y pude desayunar algo, pero en el instante en que me hablaron de los cuneros y me dijeron : "¿Señora le llevamos a su hijo? Le toca comer" el pánico volvió a atacar, mi esposo de inmediato se entusiasmó, y no me quedo mas remedio que decirles que ya estábamos listos para recibirlo.
Creo que ya perdí la cuenta de cuantas personas me tocaron los pechos ese día, la enfermera me hizo algunas observaciones, mi hermana, que ya llevaba seis semanas alimentando a su hija me dio otros útiles consejos, y mi mamá de plano me hizo "pinza" como ella misma nombró su técnica, y me mostró como la boca del bebé tenía que abarcar por completo el pezón.
No me quiero extender mucho en esta primera parte, creo que si de algo puedo hablar largo y tendido en relación a la maternidad es de la lactancia, pero si quiero dejar claro que es importante entender desde el principio que cada mujer es diferente, y que no te debes sentir culpable si algo no sale bien de inmediato, es cuestión de perseverancia y de estar convencida de que ahora ya no puedes pensar solo en ti, ahora existe un ser humano que depende de tus acciones y decisiones cuando menos por los primeros años de su vida, pero aunque te topes con dificultades, las recompensas siempre serán mas grandes de lo que esperabas.mj

martes, 24 de mayo de 2011

Compartir el embarazo (parte1)

Cuando decidimos crear este blog para compartir algunas de nuestras experiencias como mamás, acordamos que nuestras historias no irían en un orden cronológico, sino que escribiríamos lo que iba pasando en nuestro día a dia; sin embargo, creo que es importante que para que nos conozcan un poco mejor, tengan un panorama real de nuestra relación como hermanas.

Siempre hemos sido sumamente cercanas, desde que éramos niñas nos volvimos inseparables, Carol me perseguía para sobar la fuente que mi mamá hacia con mi pelo, y yo hacia lo que fuera para que mi hermana mayor me incluyera en sus juegos. A lo largo de la vida pasamos por diferentes situaciones que pusieron a prueba nuestra relación, algunas de las más conmemorativas son por ejemplo cuando Carol entró a la universidad y se fue a vivir a otra ciudad, cuando nos casamos, y sin duda la más significativa para mi al día de hoy, fue cuando nos embarazamos con seis semanas de diferencia.

Cuando Carol y su esposo se aparecieron en nuestro departamento para contarnos que una prueba de embarazo les había salido positiva, yo senti una de las alegrías mas grandes que había sentido en mi vida, empece a brincar y a llorar como si fuera yo la que estaba esperando un bebe. Las semanas siguientes comíamos juntas casi todos los días y no parábamos de hablar de lo que vendría en el futuro, a quien se parecería su hijo o hija y demás fantasías que se vienen a la mente con una noticia tan increíblemente feliz. Mi esposo y yo por nuestra parte, a diferencia de lo que el mundo a nuestro al rededor se imagina, ya habíamos planeado buscar un bebe cuando cumpliéramos dos años de casados, y tuvimos la gran suerte de encargarlo en uno de los primeros intentos.

Estábamos de viaje cuando le comente a mi hermana que tenía un ligero retraso y que me sentía algo diferente, ella insistió en que fuéramos a una farmacia de inmediato a comprar una prueba de embarazo, y el resto es historia...todos nos abrazábamos felices por la noticia, no imaginábamos en ese momento todo lo que implicaba pasar por ese proceso simultáneamente.

Las semanas pasaron y nuestra relación empezó a cambiar, las dos vivíamos situaciones diferentes en nuestras vidas y por azares del destino Carol y su esposo se fueron a vivir a otra ciudad. En un principio yo llore mucho, me parecía irónico que justo en ese momento que podíamos compartir tantas cosas nos tuviéramos que separar, pero ahora lo veo desde otra perspectiva, y creo que fue lo mejor que nos pudo pasar.

Para no hacer el cuento largo, durante casi siete meses nos detestamos sin motivo alguno, la familia estaba harta de que no podíamos vernos sin insultarnos, criticarnos, y no había forma de hacernos entrar en razón; probablemente fueron las hormonas, otros se lo atribuyen a la relación tan cercana que tenemos y que nos hacia falta disfrutar por separado un momento tan especial, en fin, pudo haber sido cualquier cosa, pero el hecho es que el embarazo es algo que definitivamente no compartimos como hermanas.

El dia que nació mi sobrina, Carol me habló temprano para darme la noticia, yo con mi panza de siete meses de embarazo me bañe lo mas rápido que pude y corrí al hospital a conocerla, y como magia, desde el instante en que entre al cuarto las cosas entre nosotras volvieron a la normalidad. De verdad que la maternidad te cambia por completo, el hecho de ver a un ser tan diminuto y quererlo tanto desde el primer momento es un sentimiento indescriptible; exactamente seis senanas después nació mi hijo, desde ese dia no deja de sorprenderme la forma en que mi hermana lo quiere, ese primer dia le corto las uñas, y siempre que lo ve lo ataca con abrazos y besos y le pone un apodo diferente.

En resumen, mi hijo sin duda me ha dado los momentos mas felices de mi vida, todos los dias me sorprende y me da un motivo para quererlo un poco más si eso es posible, pero siempre le voy a agradecer, a él y a mi sobrina, que me trajeron a mi hermana de regreso. mj

jueves, 19 de mayo de 2011

Entre mocos y candelabros






Hoy cumplo seis días con gripa y tos, esta semana ha estado muy cansada porque cuando eres mamá, no te puedes enfermar. Mi hijo no sabe que me siento mal, y por lo tanto, no tiene consideraciones conmigo, y es lógico, aún no entiende que cuando una persona está enferma debe descansar, y no hay que hacerle ruido para que pueda dormir, y no hay que comerse la tierra de las macetas, y no hay que ahorcar al perro ni tirar los juguetes por las escaleras... Pero eso a veces a las mamás se nos olvida, y la paciencia si tiene límites.

Desde que estás embarazada te advierten de lo irritante que pueden ser los niños algunas veces, y si, yo lo comprobé cuando nació mi hijo, su llanto te puede volver loca cuando ya hiciste absolutamente todo lo que te dijeron, ya lo cambiaste, le diste de comer, le cantaste, y sigue llorando. Es una realidad que conforme ha pasado el tiempo nos entendemos mejor, ya sé qué significa cada uno de los sonidos que emite e incluso sus gestos, pero eso no implica que la situación sea menos frustrante, y que por instantes desearía que me trajera un te y una pastilla para sentirme mejor.

En fin, es un día más en mi vida de mamá, y seguramente vendrán más días de estos, pero absolutamente todo vale la pena cuando volteo para revisar qué está haciendo y lo veo con un candelabro en una mano, una foto de mi boda en la otra y el collar del perro colgando de su cuellito. mj

miércoles, 18 de mayo de 2011

¿quiénes somos?












Mi nombre es Michelle, tengo 30 años y desde hace un año y un mes soy mamá de un niño muy noble, inteligente y que nunca se cansa. Ese ha sido sin duda el papel más importante y difícil que he hecho en mi vida, pero también soy esposa, hija, hermana, amiga, y una orgullosa abogada, que independientemente de mi existente o inexistente talento, amo mi profesión.

No profundizo en mi vida por que por experiencia se que puedo aburrir a cualquiera, pero si les comparto algunas de las características que me definen; le doy demasiada importancia a mis cumpleaños, tengo muy buena memoria sobre todo para datos irrelevantes e inútiles, no me gustan los líquidos que tengan sólidos flotando (con algunas razonables excepciones), soy perfeccionista a morir y todos los muebles de mi casa están alineados, me considero una persona noble y generosa y no me gustan los abrazos.

Dicho lo anterior, y como mi hermana Carol bien lo expuso en la bienvenida, creamos este espacio con el ánimo de compartir nuestras experiencias como mamás, los momentos felices por los que pasamos pero también los pequeños infiernitos que la maternidad tiene bien escondidos. Estoy segura que si deciden leernos y compartir este espacio se sentirán acompañadas, porque no hay nada mas difícil en esta etapa de la vida, que sentirte sola e incomprendida, así es que bienvenida. mj

Yo soy Carol la hermana mayor. Soy mamá desde hace catorce meses, mismos en los que casi no he dormido, me he preocupado más que en el resto de mi vida y he abrazado y cantado más de lo humanamente permitido.

Me gusta muchísimo leer, escribir, dar clases (al parecer sigo y seguiré jugando a la escuelita y a la mamá) correr, comer y tomar café. Odio los gritos, la hipocresía y el tráfico.

En la familia tengo fama de perder cosas, ser desordenada (he de confesarlo yo NO alineo los muebles) e impuntual, (a mi juicio solo lo último es verdad y  cada día mejoro más al respecto). Yo me considero impulsiva, apasionada y explosiva. Me cuesta trabajo quedarme callada cuando algo no me parece, me impresiona la gente inteligente y congruente en su vida e ideas, no me asusta hablar en público pero me aterra que lean lo que escribo.
Estudié psicología y estoy cursando una maestría en literatura infantil y juvenil. cj