martes, 9 de agosto de 2011

El niño desprogramado.


Siempre he sido una persona muy organizada y rutinaria, antes de ser mamá, todos mis días eran prácticamente iguales; me despertaba temprano, tendía mi cama, me bañaba y me iba a trabajar. Por las noches cambiaba un poco la dinámica, pero como mi esposo es muy parecido a mi en ese aspecto, teníamos días de cine, otros de gimnasio (casi nunca íbamos, pero ya estaba definido el dia), y así para el resto de la semana.

Cuando nació mi hijo mi vida cambió por completo, y esta no es solo una frase romántica que las mamás solemos compartir, literalmente se modificaron todos mis horarios, y mis días dejaron de ser predecibles para convertirse en inciertos y desordenados. No es queja, porque aunque me costó mucho entenderlo y acostumbrarme, siempre estuve consciente de que valía la pena.

Debo aceptar que nunca perdí la esperanza de que un dia fuera igual a otro, sobre todo cuando había días muy buenos en los que él estaba de buen humor, dormía siestas largas y comía a una velocidad razonable, pero siempre me sorprendía. Ya cuando tenía al rededor de cuatro meses, entonces fue posible establecer algunas rutinas, dormía y comía más o menos dentro de un horario, pero cuando se le daba la gana todo volvía a la "normalidad anormal".

En una ocasión estando con Carol, no recuerdo bien el contexto, yo comente que no quería salir a tal hora o hacer tal cosa porque mi hijo "se me iba a desprogramar"; ella muy molesta, y con algo de razón, se volteo y me dijo: "Michelle tienes que entender que es un bebe, no un robot, no puedes esperar que se comporte de la misma manera siempre".

Es cierto, con los hijos todo es espontáneo, todos los días son una aventura, pero siendo honesta, en cuanto pude establecer horarios y hacer una rutina lo hice, y hasta ahora me ha funcionado.

La semana pasada estuvimos de vacaciones en Morelia, visitando a mis Papás, y como todos los viajes, además de divertidos y cansados, son la forma mas fácil de desprogramar a un bebe o a un niño muy joven como el mío.

Por lo general, mi hijo se despierta a las ocho de la mañana, y lo dejo platicar un rato porque duerme solo y no se da cuenta si nosotros ya despertamos; ahora dormimos juntos en mi cuarto de la infancia, él en su cuna viajera y yo en mi diminuta cama individual, y tan pronto se acordaba de que yo estaba al otro lado, mas o menos a las seis de la mañana, se paraba y me empezaba a gritar "mamaaaa, mamaaaaa" para que lo sacara. Me exigía su "bibi", que ya no toma hasta el medio dia, y como no controlaba el volumen de sus gritos, no me quedaba de otra mas que traerle un biberón para evitar que despertara al resto de los durmientes.

Y así transcurrió el resto de la semana, comió extraordinarios y deliciosos guisados hechos por la señora que trabaja en casa de mis papás, a quien Carol y yo no dejamos de rogarle que se venga a vivir a Guadalajara, corrió en el amplio jardín y se dejo querer y consentir por sus Abuelos.

El viernes regresamos a casa, y como era de esperarse, llegué con un niño completamente desprogramado; se despierta en las noches, exige leche en las mañanas, hace cara de decepción cuando le ofrezco mis sencillos y humildes guisados, y voltea a la puerta cuando entro por él a su cuarto, esperando que alguien mas llegue a festejar sus gracias.

Con el dolor de mi corazón, y convencida de que es por su bien, ignoro sus gritos en la noche, no le doy biberón antes de desayunar, y así con el resto de sus atentados contra nuestra rutina.

Ayer lo lleve a su escuela, y contrario a lo que me esperaba, le echó los brazos a la maestra que lo recibió, y volteo para decirme adiós; me quede muy tranquila y satisfecha porque al parecer, mi fijación con los horarios y la organización al fin es compatible con mi profesión de mamá. mj

Ilustración: Carmen Lara

lunes, 8 de agosto de 2011

¡Al agua patos!


¡Hijita siéntate!, ¡no saques agua!, ¡cierra los ojos para que te enjuague la cabeza!, ¡deja eso y NOOOOOO te tomes el agua!. Lo anterior es un diminuto extracto de la enorme retahíla de advertencias que pronuncio mientras baño a mi hija. Bañarla es toda una experiencia que aunque ya es parte de la rutina no deja de sorprender y tener sus complicaciones.

Cuando nació y la vi me aterró la idea de sumergir ese mínimo cuerpecito en agua, me parecía una actividad verdaderamente terrorífica. El pediatra notó mi angustia y nos dijo a mi esposo y a mí que si queríamos podíamos ir a los cuneros a ver como la bañaban yo feliz ante la propuesta acepté de inmediato.
Mi sorpresa llego al presenciar la actividad, una experta enfermera desvistió, baño y volvió a vestir a mi hija tan rápido, que yo apenas y noté todo lo que se tenía que hacer.

Mi mamá me dijo que no me preocupara que ella me iba a enseñar todo lo referente al baño y que además los recién nacidos son más resistentes de lo que parecen, al principio el comentario me pareció una burla pero cada día compruebo la sabiduría de mi madre, los niños son mucho más resistentes de lo que parecen.

Después del hospital, ya en casa, mi mamá emocionadísima preparó la bañera, la primera regla explícita fue la temperatura del agua –no confíes en los patitos o esas modernidades que te dicen si esta caliente o fría, mete tu codo y sabrás si el agua está a buena temperatura-  como buena alumna me grabé sus palabras, luego observé como colocó estratégicamente todo lo que iba a utilizar durante y después del baño: jabón, toalla, esponja, y champú frente a la bañera y  en la cama en la que la iba a vestir a mi hija: un mameluco desabrochado, pañalero, pañal, crema y hasta un peine. 


Empezaba a sentirme confiada pensando que si todo estaba en su lugar no habría mayor problema, cuando llego el momento de desvestir a mi hija y sumergirla por primera vez en el agua mi mamá la tomó con toda la naturalidad del mundo se la acomodó en el antebrazo y le dijo –a bañarte mi amor- la fue sumergiendo poco a poco en el agua segura y sin chistar frente a los ruidos y luego gritos que profería mi hija, yo le dije –mamá no le está gustando, sácala y le calentamos o enfriamos el agua o de plano la bañamos otro día al fin que ni está tan sucia- no había acabado la frase cuando noté que mi hija se encontraba feliz mientras su abuela le lavaba el pelo, le enjabonaba el cuerpo y le echaba agüita por todos lados. Después de un rato mi mamá tomó la toalla y haciendo un movimiento entre acrobático y circense envolvió a mi niña desde la cabeza a los pies. Le puso crema, la vistió y la peinó en minutos, al final me la entregó como trofeo, feliz de probarme que seguía siendo una experta en estas cuestiones.

Observé esta rutina las dos primeras semanas, mi mamá me decía hoy si la bañas tú y cuando llegaba el momento inventaba cualquier cosa y evadía la tarea encomendada. Por más que la veía seguía con miedo. Un día de plano no me quedo más remedio, mi mamá ya estaba lista para regresarse a su casa y quería asegurarse de que yo no esperaría hasta su próxima visita para bañar a mi hija, preparó el agua desvistió a mi hija, me la entregó y sin más me dijo -báñala-.

Tarde un poco en acomodármela, otro poco en irla metiendo al agua, cuando por fin la tuve dentro empecé a disfrutar. Mi hija desde siempre ha sido amante del agua, de bebecita cerraba los ojos y hacía ruiditos apenas audibles que demostraban lo bien que la pasaba ahí dentro. Un poco más grande movía sus manitas y pies y se carcajeaba apenas sentía el agua.

A la fecha, no hay más que decirle –a bañarse- para que corra hacía la tina intentando arrancarse la ropa. La hora del baño como todo con niños pequeños ha ido cambiando, a los cuatro meses empezamos a bañarla con nosotros en la regadera, la primera vez no entendía bien que pasaba pero después le encantó tener el agua en la cara y sentirse tan cerca de su papá o mamá durante el baño.

Antes del año tuvimos que dejar su pequeña bañera /cambiador por una tina en la que cupiera un poco mejor y de la que no se fuera a aventar, (pues la otra era mucho más alta) alrededor de los seis meses empezó a jugar con los objetos que encontraba cerca y a la fecha comparte el agua con dinosaurios, vacas, pollos, gallinas y uno que otro libro de plástico.

Los últimos meses el reto más grande ha sido enseñarle que no debe aventar el agua por todas partes, pararse a la menor provocación o extenderse a medio baño para agarrar todo lo que esta al alcance de su vista. Ahora ya es ella quien se lava la panza, las manos y los pies, a veces lava o lame la pared de la regadera en donde está la tina, desagua la bañera sin darse cuenta, e irremediablemente se toma unos cuantos tragos de su propio caldo.

Desde siempre bañarse la adormece, la tranquiliza y calma, el contacto con el agua, el saberse vista y atendida, la oportunidad de jugar y chapotear son actividades de todo su gusto. Yo confieso que a pesar de que me encanta bañarla y ver como disfruta el momento, hay días en los que me da una flojera inmensa todo el proceso, pero por lo general se me quita al ver a mi hija danzar encuerada hacía la bañera, una imagen que intento tatuarme en la memoria pues me resulta por demás hermosa.

Lo que me queda claro es que bañar a un pequeño es como andar en bicicleta, una de esas actividades que si bien se aprende nunca se olvida, tan entrañable y profunda que quieres compartir con quién se deje, hace unos meses que una buena amiga tuvo a su hija me descubrí diciéndole –no te preocupes si te da miedo bañarla, háblame, yo soy toda una experta, además los niños son mucho más resistentes de lo que parecen- cj

Ilustración Carmen Lara

viernes, 5 de agosto de 2011

El caso práctico, conclusión.


Hoy que hago la última reflexión sobre el tema y pienso como empezar este texto, me doy cuenta de que las conclusiones no son tan emocionantes, o al menos no hay ninguna novedad para las mamás que ya pasamos por todo el proceso de toma de decisiones en relación al trabajo y la maternidad.
Sobre el caso práctico que les comenté a lo largo de la semana, la protagonista hace una serie de aclaraciones después de desglosar su agenda diaria, y cito textualmente: “… sabía que mucha gente pensaba que tenía una vida ideal. Sin embargo, en privado, solía explicar que se trataba de una “imagen prefabricada” para transmitir la sensación de que “tenía la situación bajo control”. La preocupaba mucho no poder cumplir con sus obligaciones de la manera en que le hubiera gustado. Sentía que su desempeño laboral no era suficiente y que sus hijos estarían mejor si ella no trabajara. Dijo: “No estoy feliz con mi vida diaria. Me gustaría ser más organizada en el trabajo y tener más cantidad de tiempo para dedicarle a mi familia, pero son deseos contrapuestos”. La angustiaba el hecho de que sus hijos no recibieran suficiente atención de sus padres. Al mismo tiempo, explicó: “Quiero seguir siendo exitosa, acceder a puestos más altos, con mayores responsabilidades””.
Creo que después de leer este texto cada quién puede sacar sus propias conclusiones, pero lo que es una realidad compartida, es esta dualidad que actualmente vivimos las mujeres que tenemos aspiraciones profesionales y que somos madres.
Señalaba uno de los alumnos de la clase: “(la del caso) es una mujer muy egoísta”; por un momento hubo silencio absoluto, nadie lo negó, pero creo que la mayoría de las presentes estábamos de acuerdo (nadie lo dijo), en que un hombre no tiene la autoridad ni el derecho para hacer esa clase de juicios, porque a pesar de que ellos tienen grandes responsabilidades con respecto a la familia, y otras tantas en relación al trabajo, la gran mayoría no tiene que pasar por esta complicadísima decisión.
Lo que es cierto, es que nadie tiene la verdad absoluta en relación a este tema, cada caso es distinto y cada mujer es distinta, y por lo tanto, debemos respetar nuestras respectivas elecciones y decisiones.
Me pareció muy acertado cuando Carol señaló en la entrada del 7 de Julio (¿oficio?), que nosotras somos nuestras peores enemigas. Cuando decidimos quedarnos en casa con nuestros hijos, es inevitable sentir algunas pasajeras frustraciones, pensar en el éxito laboral que sacrificamos y si algún día podremos retomar nuestra profesión. Aunque no es mi caso, he leído y platicado con algunas madres que decidieron continuar en su trabajo, por necesidad o por gusto, y el sentimiento de culpa las acecha constantemente, y aunque están convencidas de que tomaron una decisión acertada, es necesario el auto convencimiento esporádico.
Mi objetivo no es desmotivar a la población femenina en general, por el contrario, este análisis fue un reconocimiento a la difícil tarea que tenemos las mujeres, y al valor que se requiere para tomar la inminente decisión de dejar o seguir en el trabajo, cualquiera que esta sea.
La maestra citó una frase que me pareció por demás real y conmovedora: “el tiempo es un recurso no renovable”, y es cierto, debemos reflexionar en qué lo invertimos porque se va volando. mj 

Ilustración: Carmen Lara

jueves, 4 de agosto de 2011

¡Bésame Mucho!


Queridas lectoras estoy en pijama en la cocina de la casa de mis papás,  en Morelia, con Michelle y su hijo (también en pijama) sentados frente a mí jugando en la computadora y mi hija dormida pues se estuvo levantando toda la noche.

Mi idea es escribir otra vez sobre la lactancia para sumarnos a la Semana Mundial de la Lactancia Materna, le pregunto a Michelle si no extraña aquellos días en los que tenía pegado a su hijo como una pequeña lapa, piensa un poco y me dice –tengo sentimientos encontrados, me da nostalgia pensar en aquellos días en los que mi hijo era tan chiquito, me hubiera gustado disfrutar más la lactancia, pero me acuerdo del trabajo que me costó y no se me antoja tanto- yo casi llorando le confieso que extraño a morir esa cercanía con mi hija, recuerdo su desesperación cuando tenía hambre y el placer con el que se pegaba a mí dando unos tragos enormes que en ocasiones la atragantaban, me acuerdo de las madrugadas frías y silenciosas en las que no sé si era ella o mis senos repletos los que me avisaban que había que levantarse a ofrecerle de comer nos fundíamos en un abrazo que no se puede explicar, o aquellas veces en las que mientras la bañaba conmigo le daba sed y solo tenía que voltearse para tomar un poco y seguir jugando con el agua. Sin duda para mí la lactancia fue una experiencia maravillosa.

Michelle y yo seguimos platicando mientras su hijo juega con sus lentes y se los enchueca, recuerdo un hermoso video de la canción Vos Sabes de los Fabulosos Cadillacs que desde hace tiempo quería mostrarle, lo vemos juntas y nos reímos encantadas ante la naturalidad y gracia de las imágenes, me dice que ponga la canción de Andrea Echeverri sobre maternidad, la busco y ella empieza a cantarla a todo pulmón, seguimos cantando y recordando. Encuentro una nota del diario español Público cuyo encabezado dice “Dar de mamar en público ¿natural o indecente?” la leo en voz alta y comentamos al respecto ¿cómo es posible que alguien considere indecente, asqueroso o antinatural la lactancia? las dos nos quedamos pensando y se nos van las palabras, no se puede explicar no inexplicable.

Lo que me queda claro es que en nuestro país hay mucho por hacer a favor de la lactancia, en Lagos una apreciada alumna que era enfermera del Seguro Social me contaba con tristeza el trabajo que cuesta convencer a la gente y a algunos médicos del valor de la lactancia yo misma me topé con dos pediatras que me dijeron que después de los seis meses mi leche ya no servía de nada, y esta que ha sido la semana de la lactancia en el país se ha escuchado muy poco al respecto.

Yo amamante a mi hija hasta los diez meses y me he arrepentido como no se imaginan de no haber extendido más esta hermosísima experiencia, deje de hacerlo porque me enfermé pero también porque cedí a la presión social que consideraba que amamantar a un hijo que no es un recién nacido es algo anormal. Ahora sé y estoy convencida que es un regalo enorme para con los hijos si llego a tener otro hijo nadie influenciará mi decisión sobre la lactancia.

Para animar a las nuevas madres y despertar algo de melancolía en las que ya pasaron por esta etapa les dejo los videos de las canciones que vi con Michelle, les advierto que en la de los Cadillacs todos salen encuerados, es hermoso pero a aquellas muy pudorosas les puede incomodar, el video de Pedro Guerra no es muy bueno pero la letra y música me parecen excelentes, la letra de Tontxu también es linda, Echeverri las hará sonreír con la sencillez de las imágenes y lo cierto de la letra, les dejo también la nota que comentamos a ver qué opinan al respecto. 

El título de hoy lo tomamos de libro así llamado del maravilloso pedíatra español Carlos González, les adjunto la liga a un video en el que este pediatra habla sobre alimentación nos lo recomendó Ana Claudia Nepote en el FB de AF, es una delicia. Ahora si me voy o las tendré todo el día en Internet ;-) 
cj

http://www.youtube.com/watch?v=qQ2JCXREI2w Pedro Guerra “Canto de Trabajos”



http://www.youtube.com/watch?v=nQuSWqoYJyE Tontxu y Antonio Vega “Para tocar el cielo”


http://www.youtube.com/watch?v=vKioOmhIfGU Carlos Gonzáles sobre la alimentación infantil


La ilustración es de Carmen Lara  es la foto que tenemos en la cuenta de Facebook de Ácido Fólico

miércoles, 3 de agosto de 2011

Caso práctico parte II


El viernes de camino a la clase, mi esposo y yo comentamos el caso en términos muy generales. Lo que a mí en realidad me interesaba, era saber cuál era la dinámica que seguían normalmente, pero él como el estudiante dedicado que es (por no decir nerd), me entregó mi juego de copias con un esquema complicadísimo que contenía por separado los hechos, los problemas y las posibles soluciones.
Al principio todas las parejas nos mostramos tímidos y callados, escuchamos atentamente a la maestra, que resultó ser una mujer sumamente preparada, y que además de psicóloga e instructora de padres en distintas escuelas, es esposa y mamá; después de un rato nos separaron en grupos más pequeños para comentar nuestro análisis.

Fue muy chistoso que, inmediatamente después de que nos sentimos más en confianza, las mujeres empezamos a hablar sin parar, y mientras los esposos hacían propuestas en relación a la productividad de la empresa y la necesidad de lanzar nuevos productos al mercado, nosotros insultábamos a la mujer que se atrevía a perseguir abiertamente sus aspiraciones profesionales, sin tener una clara necesidad económica, y sin remordimientos por dejar a sus tres hijos por más de diez horas diarias en la guardería.

De antemano señalé que el caso me generó sentimientos encontrados, porque siendo honesta me hubiera encantado ser una súper mujer, y tener oportunidad de conservar mi extenuante trabajo y simultáneamente ser madre de tiempo completo, pero la realidad es que es muy difícil encontrar el equilibrio entre dos tareas tan demandantes, y aclaro que estoy hablando concretamente del caso que refiere a una mujer con tres hijos y que busca superarse a nivel profesional a costa de lo que sea.

En el receso tuve oportunidad de platicar con otras esposas, y después de intercambiar información básica sobre nuestra familia (cuántos hijos tienes, de qué edad, etc.), discretamente externamos nuestras frustraciones laborales, ¿y trabajas? no (en voz baja para que no se oiga tan real), ¿y a qué te dedicabas antes de ser mamá de tiempo completo? … , ¿y extrañas? si claro, pero seguro más adelante tendré oportunidad de retomar mi carrera; y mientras, los esposos solo nos observan, como si en el fondo sintieran culpa.

Regresamos todos al salón, y ya después de un encuentro más cercano, de un café y unas galletas, entonces empezaron los alegatos. De entrada identificamos los problemas, y por unanimidad decidimos que la mujer tenía que aclarar sus prioridades; una señora ya más grande levantó la mano, y señaló que la agenda de esta mujer era por demás ridícula e imposible, y claramente molesta habló de su experiencia personal, “yo tengo hijos y trabajo alrededor de tres horas diarias, a veces salgo tan cansada que solo oír sus ruidos me molesta, no me explico cómo esta mujer, después de diez horas de estar en la oficina, dice que llega a su casa a jugar con sus hijos, eso no es cierto”, y continuó, “una cosa es trabajar por necesidad durante un tiempo razonable, y otra es dedicarle todo el día a tu realización profesional y que tus niños sean hijos de la nana”.

Se oían los murmullos, algunos asentábamos con la cabeza, otros no parecían estar de acuerdo, la maestra puso orden y volvimos al caso; es cierto que esa agenda es por demás exagerada, señaló, no conozco a una mujer que le dé de desayunar a sus hijos, los vista, se arregle y ordene la casa en cuarenta minutos, pero no perdamos de vista que esa agenda la desarrollo por solicitud de la empresa, a raíz de una serie de despidos en puerta.

Y continuamos con la discusión, un valiente señor señaló que si era posible que las señoras fuéramos mamás de tiempo completo y trabajáramos; con un claro temblor en su voz resaltó que su esposa era dueña de su propia empresa, y que le dedicaba todo el tiempo que su hijo estaba en la escuela. Ahhh, lo interrumpió la maestra, pero entonces tu hijo ya está más grande y ya no está en los primeros años que son los más demandantes para las mamás, el señor se limitó a voltear a ver a la esposa con una mirada de “yo lo intenté”.

La maestra moderó las discusiones con un gran talento, nos dio la palabra tanto a alumnos como a esposas que ansiosas levantábamos la mano para emitir nuestra opinión y hablar de nuestras propias experiencias, y así llegamos a la etapa de conclusiones. Después de agotar las posibilidades para que la empresa tuviera éxito en sus próximos lanzamientos, y de negarle la vicepresidencia al jefe del proyecto, hablamos de la mujer en discordia.


Parece que nuevamente me extendí demasiado, la última parte se las comparto el Viernes. Gracias a quienes ya nos mandaron su punto de vista (Ana y Anónimo), esperamos que sus opiniones sigan llegando. mj

Ilustración: Carmen Lara

martes, 2 de agosto de 2011

¡Otro de lactancia!

Estamos en la Semana Mundial de la Lactancia Materna. En AF hemos platicado mucho sobre el asunto, sin embargo hay ocasiones en las que parece que nunca será suficiente. Hoy dedico mi publicación al tema porque estoy convencida de las implicaciones físicas y emocionales de la lactancia, porque tristemente vivimos en un mundo que constantemente se aleja de lo natural para favorecer lo artificial, porque hay que volver a decir lo que vale la pena reafirmar, quién sabe esta vez quién escuche…

Si me preguntas sobre la lactancia esto es lo que te diré:

Ser mamá es darse a los hijos física y emocionalmente, parece lo más sencillo pero es complicado, porque los hijos llegan tan pequeñitos, tan completos pero inacabados que aunque intuimos las formas para cuidarlos a veces se nos escapan.

La naturaleza nos da una mano, nos ayuda a empezar a ser mamás. Con la lactancia no tienes que preocuparte por el número de onzas porque el pequeño toma lo que necesita y tu cuerpo produce acorde a la demanda. No es necesario complementar porque tu leche es la única que contiene todos los nutrientes y defensas óptimos para un recién nacido. Siempre esta a la temperatura adecuada, no hay que esterilizar, lavar, hervir o tener un arsenal de biberones.

Dar de mamar a tu hijo no solo lo alimenta orgánicamente, lo alimenta psíquicamente, lo ayuda a adaptarse a este nuevo útero al que ha llegado, lo reconforta ante la inclemencia de un mundo en el que no todo es tan sencillo como cuando estaba en tu vientre. Tenerte así de cerquita, constatar tu olor y tu ser, le da confianza para empezar a vivir, para seguir luchando y formándose, para poder aprender a ser sin ti.

Cosita de nada lo que nos hace madres, cohabitar un cuerpo, compartir el alimento y luego darlo con todo y sentimiento. Es verdad que duele y nadie más puede hacerlo, eres tú la que tiene que levantarse a media noche, la que sentirá el dolor en los pezones y la extrañeza en los senos. Pero eso pasa y el placer queda, sabrás que te diste hasta lo más profundo, conocerás el instinto y experimentaras una comunión y armonía en tu cuerpo difícil de describir.

Si tu opción es la lactancia encontrarás obstáculos, gente ajena que te mira sin entender lo que haces, pediatras tercos que trataran de infiltrar los polvos y sabotear tu leche, tal vez familiares, amigos o conocidos se inmiscuirán en tus decisiones y coartaran tu elección.

No cejes en el esfuerzo. La relación que se forma es entre tu hijo y tú, escucha a tu pareja, comparte el gozo de la lactancia y busca su apoyo. Pero no escuches a nadie más, porque nadie sabe o experimenta como tú el momento vivido. Busca ayuda, platica y si estás convencida de que es  lo que quieres para tu hijo, no dejes que nada ni nadie te haga cambiar de opinión.

Disfruta de esta cercanía con tu pequeño, el tiempo se va rápido y en menos de lo que imaginas te descubrirás añorando estos días, ese contacto y amor compartido…

Eso es más o menos mi sentir en torno a la lactancia ¿qué opinan?, ¿qué agregarían o suprimirían?, aprovechen la semana para compartir en AF sus experiencias de lactancia, cuenten su historia, sus gustos y disgustos. Un abrazo. cj



La imagen es el símbolo internacional de la lactancia, les dejo el enlace de Wikipedia sobre la Semana Mundial de la lactancia, ahí encontraran infinidad de ligas a otros sitios con más información.

http://es.wikipedia.org/wiki/Semana_mundial_de_la_lactancia_materna


lunes, 1 de agosto de 2011

El caso práctico, parte I



El viernes pasado, acompañé a mi esposo a la “clase con parejas” que organizan en el Instituto en el que está haciendo un posgrado; la aventura empezó desde una semana antes, cuando me entregó el material que yo debía estudiar, para participar en la discusión con el resto de los compañeros.

Desde que leí las hojas, que mi esposo colocó en lugares estratégicos por varios días hasta que les hice caso, me dieron una serie de sentimientos encontrados, que iban desde la compasión y la empatía, hasta el coraje y la desaprobación. Y no crean que se trataba de un documento muy profundo, era un caso práctico que trata de una mujer que es esposa y madre de tres hijos (uno de siete, otro de cuatro y un bebé de meses), y que simultáneamente es la empleada perfecta en el lugar en donde trabaja.

Además de detallar una serie de hechos por los que pasaba la compañía, y describir a algunos otros empleados, en el escrito el supuesto jefe de esta mujer la señala como altamente productiva porque pasa largas horas en la oficina, y la califica como una persona ejemplar a la que otras mujeres admiran por su desempeño y habilidad para destacar en todos los aspectos de su vida, e incluso este señor menciona una ocasión en la que ella intervino por una mujer embarazada cuando él le sugirió contratar a una persona “más comprometida”.

Adjunto a este primer documento, nos entregaron un horario que detalla las actividades diarias de esta mujer, y menciona que se lo habían pedido como parte de una evaluación que estaba haciendo un investigador privado que contrataron, porque la empresa tenía previstos una serie de despidos.

La “agenda” era por demás ridícula, la mujer se despertaba a las cuatro de la mañana para acompañar a su esposo mientras se arreglaba para irse a trabajar (no menciona si le hacía el desayuno o alguna otra actividad productiva), luego despertaba a los tres hijos, los vestía, les daba de desayunar y se arreglaba y peinaba (todo esto en cuarenta minutos, lo cual sabemos que es imposible hasta con un solo hijo), los llevaba a la guardería o escuela en su caso, y se iba a trabajar.

Estaba en la oficina alrededor de diez horas (de 8 am a 6 pm), pasaba por sus hijos y regresaba a su casa para jugar con ellos, darles de cenar, bañarlos y acostarlos, y después de todo eso, todavía se ponía a trabajar para terminar asuntos que había dejado pendientes.   

Entiendo que hay muchas mujeres, y yo conozco varias, que por necesidad tienen que cumplir con agotadoras agendas; algunas tienen la fortuna de que alguien de su familia se quede con sus hijos, otras acuden a las guarderías. Salen desde temprano de sus casas ya arregladas y con pañalera lista, y después de un exhausto día en el trabajo regresan por el o la bebé, y llegan a sus casas a darles de cenar y al resto de la rutina. Debo decir que las admiro y respeto, porque hacen lo posible por dedicarles tiempo de calidad a sus hijos, y al final del día trabajan por ellos, por darles una vida mejor y con oportunidades.

Hice la anterior aclaración, para que no se malinterpreten los comentarios que haré más adelante en relación a la mujer que protagoniza el caso, y explico por qué ella en particular no me parece tan digna de admiración.

Su esposo trabaja en la misma empresa, en el mismo nivel que su jefe pero en otra división, lo que me hizo suponer que gana un mejor sueldo; en el documento mencionan que frecuentemente discuten sobre quién tiene la junta más importante, para que el otro se quede a cuidar a los hijos si no están en la escuela o guardería, y señalan que en una ocasión, que él se fue una semana de viaje, ella sin avisarle se fue todos los días a la oficina a las cuatro de la mañana para que sus superiores la vieran (no mencionan que hizo con los hijos), lo que me lleva a concluir que su relación con el esposo no es del todo honesta.

Y bueno, en el título agregué “parte I” porque ya me extendí muchísimo al describirles el caso, así es que el miércoles les contaré las reacciones del resto de las esposas, las opiniones de los esposos, y algunas conclusiones a las que llegamos; pero por lo pronto, ¡nos encantaría conocer sus comentarios y opiniones al respecto!, a ver si encontramos un punto intermedio o de plano aniquilamos a esta ficticia mujer. mj
Ilustración: Carmen Lara