lunes, 28 de noviembre de 2011

Otra semana...



No puedo creer que ya pasó otra semana, sigo con algunas molestias pero estoy aprendiendo a vivir con ellas, y las peores me las quitó mi doctor con algunas medicinas inofensivas.
El miércoles pasado fuimos a nuestra segunda cita mensual, ahora decidimos llevar a nuestro hijo para involucrarlo un poco más en este proceso, y no sorprenderlo cuando llegue su nuevo hermano o hermana al mundo; por fin vimos su corazón latiendo perfectamente, todavía no tiene forma humana, pero yo lo vi enorme, y afortunadamente todo va de maravilla.
Mi esposo desde antes le explicó a nuestro hijo que íbamos a ver a “Confi”, como decidimos llamarle a nuestro bebé desde que yo, buscando en internet el tamaño aproximado de acuerdo a las semanas de gestación, cuando recién nos enteramos de mi embarazo, encontré un sitio web que decía que era del tamaño de un confeti, y me pareció muy chistoso.
Mi hijo, que apenas empieza a hablar, le dice “Compi”, y después de ver que el doctor me ponía el aparato del eco en la panza, comprendió que ahí está, quien sabe cómo o qué, pero ahí está.
Yo me he sentido un poco frustrada, porque el extremo cansancio que siento durante el día, no me ha permitido continuar con un proyecto en particular en el que llevo trabajando meses, pero espero que pasando el primer trimestre me sienta mejor, y lo pueda echar a andar cuanto antes, ya les platicaré.
Mi cuerpo sigue cambiando, todavía no parezco embarazada, pero mi ropa ya empieza a apretar de la panza, y aunque mi hermana insiste que ya saque mi ropa de maternidad yo me resisto, creo que todavía es muy pronto, puedo usar la ropa que me queda más flojita hasta que de plano ya no me entre, y así evito odiar mi ropa de maternidad a la mitad del embarazo.
Creo que mis estados de ánimo también están un poco más estables, ya puedo identificar cuáles son los momentos del día que más trabajo me cuestan, y trato de distraerme o sentarme un instante a descansar, aunque mi hijo no me da grandes oportunidades de hacerlo. También descubrí, con un poco de ayuda de mi doctor, que cuando peor me siento del estómago, es cuando he pasado varias horas de ayuno (antes de comer o de cenar), así es que trato de comer algún snack a media mañana y a media tarde, para tranquilizar la acidez y las náuseas.
Así han pasado los días, y aún cuando los malestares continúan, yo cada vez estoy más feliz y convencida de la decisión que tomamos; cada día quiero más a este bebé que viene en camino, y ya lo esperamos con los brazos abiertos. mj
Ilustración: Carmen Lara

jueves, 24 de noviembre de 2011

¡Pintar!



Mi hija lleva unas semanas obsesionada por pintar, apenas y puede balancear en sus manitas los lápices, colores y crayolas pero el descubrir que puede mover las manos y hacer líneas y figuras ha sido más que suficiente para trastornarla un poco.

Ahora pinta lo que se le ponga enfrente: la pared, cuanto libro o papel encuentra, el piso, sus manos y cuando no me doy cuenta le llega al refrigerador o alguna mesa que le quede cerca.

Yo intento enseñarle que hay superficies para pintar y otras en donde es mejor no hacerlo, pero no me aloco demasiado pues ante todo quiero que conserve el deseo de estampar su marca por donde pasa.

Por casualidades de la vida, ayer me tope con el video de una pequeña de cuatro años llamada Aelita Andre que pinta, pinta y pinta. Vi el video sin tener referencia alguna de los antecedentes de la niña y me pareció ante todo una hermosa exaltación de la libertad y el arte en la infancia. En pocas palabras pensé: si mi hija contara con los instrumentos que tiene esta pequeña, seguramente se daría vuelo haciendo lo que ella hace. Compartí el video con mi esposo y platicamos un poco al respecto. Luego busqué más información sobre la niña y para mi sorpresa encontré toda una página de la pequeña artista.

El caso es que la niña ha sido considerada una “artista” desde que tenía un año (edad en la que empezó a pintar), comparan sus cuadros con los del famoso pintor Jackson Pollock y definen su estilo como no-consciente y abstracto. Sus cuadros se venden entre cinco y treinta mil dólares.

Leer todo esto y ver el ir y venir de la niña en diversas galerías detonó en mí todo tipo de sentimientos. Al final, mi sentir es claro: ahora el arte y la creatividad natural de los niños es explotada al considerarlos de forma prematura como artistas.

¿Qué pasará con esta pequeña en unos cuantos años?, ¿hasta dónde la precocidad de sus apariciones y la comercialización de sus cuadros coartarán su creatividad y gusto por la pintura?. No niego que es hermoso lo que hace y que ver los periodos de concentración y deleite que presenta al pintar son excepcionales. Pero ¿no sería mejor difundir la maravillosa mancuerna que existe entre los niños y el arte, en lugar de insertar a esta pequeña en un mundo adulto y vender su libertad creativa?.

Les dejo el video, una hermosa pintura de la pequeña Aelita Andre y mi inquebrantable deseo de leer sus comentarios. cj


martes, 22 de noviembre de 2011

Y aparecieron los achaques.



Pues si, aquellos temibles achaques que tanto me platicaban, y que yo afortunadamente no sufrí durante mi primer embarazo, me han atacado sin avisar y me están causando inumerables molestias y corajes.

Y no son los clásicos vómitos matutinos que se te quitan con una galleta salada, como suelen proyectarlo en las películas; se trata de serios malestares estomacales, náuseas, mareos, inflación, intolerancia a algunos alimentos, ascos y una larga lista de pesares que abrumaría a cualquiera.

Entiendo que cada embarazo es diferente, que probablemente con el primero tuve mucha suerte, considerando que tenía un trabajo de tiempo completo y que era sumamente demandante, porque hubiera tenido que vivir un calvario en la oficina, pero honestamente ser mamá de tiempo completo tampoco es nada fácil.

Ya lo hemos platicado antes, las pequeñas cosas se complican, las preocupaciones se vuelven mucho más relevantes cuando se trata de la salud y el bienestar de un pequeño humanito que depende de ti, y el cansancio se convierte en tu constante acompañante.

Mi ropa me sigue quedando extraña, parece que en lugar de crecer para adelante, como es natural, estoy creciendo para los lados, o cuando menos así me siento y me veo, pero esa si es una etapa que vives en cualquier embarazo.

Todas estas diferencias me ocasionan cierta curiosidad, ¿será que es una niña y por eso me siento tan diferente que en mi primer embarazo?, mi esposo casi me lo asegura, pero porque el muere por tener una hija, aunque cada vez me aclara que si es niño estará igual de feliz, como si lo pudieramos regresar.

Mi hijo tampoco me ha facilitado mucho las cosas, igual me lo habían advertido, pero hasta que no lo vives no sabes lo que es llegar al límite después de un eterno berrinche. Está ´mucho más sensible de lo que normalmente es, y lo entiendo, tengo que llenarme de tolerancia y de paciencia, pero cuando te sientes pésimo es un constante reto.

No quisiera parecer la persona más negativa, en mis buenos ratos me siento feliz por todo lo que sigue, me ilusiona tremendamente conocer al bebé que viene en camino, por ver la reacción de mi hijo ahora que será el hermano mayor... pero luego vuelven las nauseas y solo quisiera desaparecer un rato. mj

Ilustración: Carmen Lara


martes, 15 de noviembre de 2011

Comprar, comprar y comprar


Hace unos años tuve la oportunidad de estudiar un diplomado llamado “ La infancia amenazada”, en ese entonces no era mamá pero sí maestra de adolescentes y el tema me parecía muy interesante ¿qué amenazaba a la infancia?

No les platicaré aquí cada uno de los temas, pero de vez en cuando aprovecharé el espacio para platicar de lo que sucede socialmente con el concepto de infancia, porque finalmente la infancia fue inventada.  Siempre han existido los niños, pero hace cientos de años recibían un tratamiento muy distinto al que tienen ahora. La idea de que los niños tienen que ser atendidos de forma distinta a la de los adultos es reciente y si  nos descuidamos la infancia como la conocemos puede desaparecer.

Y es que si lo piensan un poco, los niños cada día tienen menos oportunidad de serlo, viven inmersos en un ambiente que los empuja a convertirse en adultos desde una edad en la que lo único que tendrían que estar haciendo es jugar y a través del juego aprender.

Neil Postman un sociólogo estadounidense, escribió en 1982 “The disappearence of childhood” un libro interesantísimo en el que habla de la infancia como constructo social y de las amenazas modernas para los niños; el exceso de televisión, la falta de juego en espacios abiertos, la competencia ilimitada en el deporte, la prisa por vestirse y comportarse como adultos y uno de los puntos esenciales: la infancia como objeto de consumo.

Hoy no las saturo más con mis palabras, les comparto un video fuerte y profundo que enmarca y explica a la perfección a lo que me refiero con la idea de que los niños cada día más son vistos como objeto de consumo. Me encantaría leer su opinión al respecto, nos leemos. cj

Ilustración Carmen Lara


lunes, 14 de noviembre de 2011

Semanario...



Una semana más que se va, y otra que empieza sin muchas novedades. Sigo con los mismos “achaques”, si así se le puede llamar al cansancio y debilitamiento total que siento en este momento, tomando en consideración que tengo una gripa tremenda que me contagió mi pequeño saltamontes, quien afortunadamente ya está mucho mejor.
Creo que lo más evidente, relacionado con mi embarazo, por lo que he pasado en estos días, son los abruptos y terribles cambios de humor, debido a la tormenta de hormonas que hay en mi cuerpo en este momento. Puedo estar muy tranquila y concentrada en algo, y de un momento a otro me convierto en un ogro insoportable que ni yo misma reconozco, pero sin ánimo de justificar mi comportamiento, me parece que también es de lo más normal y las personas a mi alrededor tendrán que soportarme.
Otra molestia que me ha rondado últimamente, es la inevitable inflación del estómago después de comer cualquier cosa; aparentemente ahora todo me cae pesado y me provoca acidez. Dicen que la acidez puede ser señal de que el bebé será peludo, pero en la etapa de crecimiento en la que está mi bebé en este momento, no hay manera de que tenga un solo pelo en todo su diminuto cuerpo.
También leí que en el segundo embarazo, la panza empieza a salir alrededor de la octava semana de gestación, y aunque yo tengo apenas siete semanas cumplidas, ya empiezo a sentir que mi ropa me queda diferente. Y no necesariamente me veo diferente, tiene mucho que ver que ahora vivo con el estómago inflado, pero también, como dice mi hermana, los músculos ya son más flexibles y no hay manera de evitarlo.
No sé si estoy predispuesta, pero me parece que mi hijo también ha empezado a resentir mi embarazo, está más berrinchudo y demandante que nunca, pero he tratado de tenerle toda la paciencia del mundo y de explicarle lo que pasa en la medida de lo posible, aunque todavía es muy joven para entenderlo.
Y bueno, pues desafortunadamente tendré que interrumpir mi entrada del día de hoy porque de plano ya no puedo respirar, tengo la nariz totalmente tapada y creo que debo aprovechar la oportunidad para descansar mientras mi hijo está en la escuela, pero les sigo contando…mj
Ilustración: Carmen Lara

viernes, 11 de noviembre de 2011

Las tardes eternas



¡Qué semana tan eterna!, comentábamos Carol y yo el otro día, mientras nuestros hijos se sacaban los ojos por un  bote de limpia pisos que se encontraron en el patio de su casa.
Y es que a veces, cuando estás tan cansada y llevas toda la tarde tratando de entretener a tu hijo, cuando ya le enseñaste todos sus juguetes, le sacaste libros, lo pusiste a pintar, le diste un refrigerio, y sigue con la pila recargada, sientes que el tiempo se detiene, y que nunca llegará la hora del baño, la cena, y la anhelada noche para dormir.
Pensábamos en la gran ventaja que tenemos de vivir cerca, y de tener hijos de la misma edad que como sea se entretienen, aunque cada vez son más frecuentes los pleitos, pero ya nos volvimos árbitros profesionales y tenemos turnos para llamarles la atención.
Pero es una realidad que no somos las únicas mamás en el mundo que padecemos del ocasional aburrimiento de los hijos, y es que a veces piensas en el parque que está cerca, pero eso implica estarlos persiguiendo, esquivar a los ciclistas, vigilar que no se coman el pasto o que recojan todo lo que se encuentran en el piso.
Y no quiero parecer negativa, la entrada del día de hoy está más encaminada a pedirles sus sugerencias y comentarios, ¿qué hacen ustedes con sus hijos en las tardes?; no cabe duda que la unión hace la fuerza, y seguramente habrá actividades que no se nos han ocurrido, y que pueden resultar un éxito no solo para entretenerlos, sino para que aprendan y se diviertan.
A veces recurrimos a lo más complicado, queremos que los niños se entretengan con juguetes sofisticados, que prácticamente se juegan solos, y los arrumban a los cinco minutos; en cambio, le perdemos el interés a las cosas simples, a lo que ellos realmente les llama la atención, como desenroscar una tapa, voltear una maceta, y porque no, hasta barrer y trapear, que resultan de las actividades favoritas de mi hijo últimamente.
En fin, este es nuestro dilema de la semana, que aunque ahora que lo leo parece de lo más simple, se vuelve complicado por ahí de las tres de la tarde, después de comer, cuando a las mamás (especialmente a las que trabajan y a las que estamos embarazadas) nos empieza a entrar un sueñito difícil de combatir, pero no nos queda más que aterrizar y sacar fuerzas de donde podamos para seguir con la lucha de todos los días. mj
Ilustración: Carmen Lara

miércoles, 9 de noviembre de 2011

¡Cuidado con el libro!



Mi hija adora un libro de animales que desde hace años yo quería tener pero que siempre me había parecido un poco caro. Hace unos cuantos meses, mientras visitábamos una librería le dije a mi esposo –ahora si lo voy a comprar, a nuestra hija le va a encantar ver a los animales-. Dicho y hecho lo compré.

Al principio a mi hija no le intereso en lo absoluto el nuevo espécimen, seguramente pensó –uno más-, porque si algo he de confesarles es que nuestra casa está cohabitada por libros. Mi esposo y yo nos declaramos irremediables e incasables acumuladores de libros, a los dos nos encanta leer, aunque claro eso no es pretexto, como dice mi papá -léanlos y regálenlos, dónenlos o háganles algo pero NO los guarden- ¡Imposible! Los libros tienen un lugar tan especial en nuestras vidas que cada uno ronda nuestra pequeña casa a sus anchas.

El caso es que mi hija ya disfruta con los libros y hace poco se topó con el mentado libro de animales, le llamó la atención el chango de la portada y empezó a hacer ruidos de chango y a pedir que se lo enseñara. Yo feliz me acomode en el sillón y de forma por demás solemne y aburrida comencé a pasar las páginas. Mi hija me tolero y vio en un principio lo que yo le enseñaba, hasta que decidió que su madre estaba arruinando toda la diversión y ella empezó a pasar las páginas.

Hasta aquí todo bien, vimos jirafas, peces, camellos y pájaros, hasta ahora sus animales favoritos, guardamos el libro y tan tan.  Yo encantada de la experiencia, mi hija contenta y nada más que contar. De ahí en adelante cuando mi hija quería ver el libro hacía como chango y entonces nos sentábamos en el sillón y empezábamos a ver a todos sus conocidos. Por lo general yo pasaba las páginas y si ella lo hacía cuidaba que lo hiciera con cautela.

Lo que siempre se me olvido es que mi hija tiene un año y nueve meses y que yo que según esto sé todo lo que se debe saber en cuanto a los niños y la lectura (ya sé soy lo peor), estaba limitándole por completo la experiencia. Claro que me lo hizo saber cuando frustrada porque yo no cambiaba la página ella tomó el libro con fuerza y … arrancó la página. Yo me puse furiosa le dije que los libros no se rompen y guarde al malherido en el lugar más alto del librero. Mi hija se me quedo viendo como a  una loca y se fue sin decir más.

Después de un rato me llegó el remordimiento. Acababa de regañar a mi hija por emocionarse con un libro. De solo escribirlo me siento fatal. Y es que cuando lo pensé un poco más caí en cuenta de mi egoísmo, yo quería el libro, utilice a mi hija como pretexto para comprarlo y luego para que juntas lo viéramos. Nunca consideré lo que podía pasar por su mente al ver semejante librote, ni la emoción y confusión que podían despertar en ella todas las imágenes que ahí encontraba. Nunca, pensé que para ella un libro es un juguete, que como cualquier otro juguete quiere manipular e investigar.

¿Entonces que rompa y pinte todos los libros de la casa?, por supuesto que no, aquí como en todos los asuntos, el chiste es encontrar la forma, el momento y las palabras para saber educar. Después de que paso mi furia y la culpa que la acompaño, retomamos la experiencia del libro sin tanto arguende, le explique como pude que los libros no se rompen y ella a su corta edad me hizo saber que entendía pasando las hojas con cuidado. Sé que no será ni el primero ni el último libro que rompe. Lo que espero es que sea el primero y el último que me pone como fiera. Si yo puedo hacer lo que quiero con mis libros, ella tendrá que aprender a cuidar los de ella como mejor le parezca. cj