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lunes, 20 de febrero de 2012

Semana 21


Ahora si no tengo disculpa, he descuidado por completo mi participación en Ácido Fólico, pero la realidad es que esto del embarazo le ha dado un completo giro a mi vida.
Por fin empecé a sentirme normal (si eso se puede decir cuando te está creciendo la panza a la velocidad de un rayo) hace alrededor de un mes; se fueron las náuseas, el cansancio extremo, y alguno que otro achaque que todavía estaba arrastrando. Fue entonces cuando me entró nuevamente la energía y decidí ponerme a hacer cien mil cosas al mismo tiempo, lanzar mi proyecto en el que tanto había trabajado, empezar con la “remodelación” de mi casa para la llegada del nuevo integrante de la familia, analizar y aceptar una propuesta para colaborar como Asesora Independiente en un nuevo proyecto… y entonces la pila se me empezó a acabar y aparecieron las frustraciones nuevamente.
Hace un par de semanas de plano parecía que caminaba con una nube negra encima, mi hijo se enfermó de las típicas veinte cosas que afortunadamente no son graves, pero que te mantienen preocupada, desvelada, nerviosa y agotada, porque se despertaba por la noche con la nariz atiborrada de mocos, tenía ronchas en todo el cuerpo y no sabíamos exactamente porque, en fin, toda una serie de malestares que no me permitían concentrarme en otras cosas, que como era natural empecé a descuidar.
Para complementar el cuadro clínico que les describo en el párrafo anterior, la maestra de mi hijo me envió una nota diciéndome que últimamente lo notaba muy agresivo y peleonero con sus compañeros, lo que de inmediato provocó que yo hiciera una cita para tener más información al respecto. (Creo que eso de las agendas en las guarderías, que son el medio de comunicación entre Mamás y Maestras cuando los niños todavía no hablan bien, puede ser un tema interesante para otra entrada de Ácido Fólico).
Fui a la cita la semana pasada, y me tranquilicé al descubrir que la situación no era únicamente mucho menos grave de lo que yo esperaba, sino también normal para un bebé de menos de dos años que “empieza a sentir pasos en la azotea” con la llegada de un hermano menor. También me cayó el veinte (un poco con la ayuda de Carol, no voy a mentir), de que le afectó mucho que recientemente su maestra Paty, a la que quería mucho, se fue de incapacidad por maternidad, lo que le pudo causar pánico al pensar que su Mamá, que igual que ella tiene una panza grande, también se va a ir.
Todo se ha ido resolviendo poco a poco, y de igual manera yo entendí que me debo relajar y no tratar de hacer todo al mismo tiempo, o cuando menos no todo con tanto detenimiento y detalle, porque con un hijo, y próximamente con dos, es prácticamente IMPOSIBLE.
Por cierto, la última vez que escribí les comenté que apenas nos íbamos a enterar del sexo del bebé que esperamos… y pues desde hace unas tres semanas sabemos que es otro NIÑO, lo cual la verdad me tiene de lo más feliz y tranquila. No porque no me hubiera gustado tener una niña (la gente a mi alrededor me sigue diciendo “pues nunca sabes”, aunque yo estoy negada a la idea de tener un tercer bebé), pero de verdad creo que será un excelente compañero para mi hijo mayor. No necesito aclararles que para mí ha sido fundamental en la vida tener una hermana, porque ya lo saben (las hemos saturado hasta el tuétano con nuestra relación), y en cambio mi hermano menor, que era el único hombre, creció un poco más solitario y siempre tuvo la necesidad de estar rodeado de amigos para jugar y sentirse acompañado.
Sé que también tendrá sus contras, ya que el resto de mi vida estaré rodeada de hombres que pueden ser muy difíciles, pero por lo pronto me consuelo al pensar que tengo kilos de ropa guardada que finalmente podré volver a usar.
Prometo no volver a ausentarme por tanto tiempo, y créanme que para mí tampoco es fácil porque no solo extraño a las lectoras y toda esta dinámica, sino que ahora además de tener a mi Mamá y a Carol encima diciéndome que me toca escribir, tengo a mi Ginecólogo cuestionándome por qué no he contribuido a tan especial proyecto.
En fin, si quieren conocer otro poco de mi y de mis recientes quehaceres, pueden visitar www.kdekilo.mx, así como el blog www.kdekilobasculas.blogspot.com. mj
Ilustración: Carmen Lara

martes, 20 de diciembre de 2011

¡Y pasamos el primer trimestre!



¿Han oído la expresión “se me subió el muerto”?, se usa coloquialmente para describir ese cansancio que no te permite ni levantarte de la cama, que ves pasar a la gente y las horas en el reloj y tú sigues en un estado de ausencia física… pues yo llevo casi todo mi embarazo con un muerto pesadísimo encima, y solo se baja cuando inevitablemente necesito estar lúcida y despierta para cuidar a mi hijo de 20 meses.

Es chistoso como dos embarazos pueden ser tan distintos, para mí el primero transcurrió sin mayor contratiempo, estaba cansada pero aguantaba la larga jornada de trabajo diaria sin problema; ahora pasé por una molesta etapa de nauseas, malestares estomacales, ascos repentinos, acidez, y una larga lista de achaques que paralizaron algunos aspectos de mi vida.

El de madre sin embargo, es irrenunciable e intransferible, no hay forma de esconderte o de evitarlo, y no necesariamente por obligación, sino porque en situaciones como ésta (y la pongo en perspectiva porque sé que hay mucho peores) se pone a prueba hasta la última gota de amor y paciencia.

En las últimas semanas, mi hijo me ha hecho los peores berrinches de su vida; llora por horas sin razón tratándome de explicar algo que evidentemente no entiendo, si le doy un vaso quiere el otro, le doy un bocado y después de masticarlo lo escupe, ya no quiere comer en su silla alta, no me deja cambiarle el pañal, en fin, me llevaría mucho tiempo describir sus más recientes gracias. Lo más estresante y desgastante de la situación, es que el ver sufrir y patalear a mi hijo me ha provocado un terrible sentimiento de culpa; no cuestiono nuestra decisión de encargar a otro bebé, pero si me preocupa el alcance y el grado en el que puede llegar a afectar a mi hijo.

Y es cierto, no soy ni la primera ni la última mujer en esta situación, un segundo embarazo es de lo más normal y natural que puede suceder en una familia, pero a veces es complicado entenderlo cuando tienes al niño colgado de la lámpara derramando mocos y baba.

Haciendo a un lado (si es posible) el pequeño problema que representan los cambios drásticos en el humor y en el comportamiento de mi hijo, físicamente me siento bien. Cuando tengo un poco de energía (y el muerto se va a descansar), además de perseguir a mi hijo, me he dedicado a cocinar lo que se me antoja, que por desgracia no es nada dietético ni saludable, pero he tratado de mantener una buena alimentación a la par.

Sigo usando mi ropa, particularmente los pantalones que antes me quedaban flojos de la cintura, y ya de plano escondí en lo más profundo de mi clóset los pantalones pegaditos y esas cosas con las que me siento como un chorizo a punto de desparramarse, finalmente también hay que aprovechar las bondades del embarazo.

Mañana tenemos la tercera cita para ver el desarrollo de nuestro bebé, y como siempre, me emociona pero también me pone nerviosa; siempre he tenido algo de hipocondría, y ahora como se lo platiqué ayer a Carol, sufro de hipocondría materna, pero espero que todo esté perfecto, ya les contaré. mj
Ilustración: Carmen Lara

lunes, 28 de noviembre de 2011

Otra semana...



No puedo creer que ya pasó otra semana, sigo con algunas molestias pero estoy aprendiendo a vivir con ellas, y las peores me las quitó mi doctor con algunas medicinas inofensivas.
El miércoles pasado fuimos a nuestra segunda cita mensual, ahora decidimos llevar a nuestro hijo para involucrarlo un poco más en este proceso, y no sorprenderlo cuando llegue su nuevo hermano o hermana al mundo; por fin vimos su corazón latiendo perfectamente, todavía no tiene forma humana, pero yo lo vi enorme, y afortunadamente todo va de maravilla.
Mi esposo desde antes le explicó a nuestro hijo que íbamos a ver a “Confi”, como decidimos llamarle a nuestro bebé desde que yo, buscando en internet el tamaño aproximado de acuerdo a las semanas de gestación, cuando recién nos enteramos de mi embarazo, encontré un sitio web que decía que era del tamaño de un confeti, y me pareció muy chistoso.
Mi hijo, que apenas empieza a hablar, le dice “Compi”, y después de ver que el doctor me ponía el aparato del eco en la panza, comprendió que ahí está, quien sabe cómo o qué, pero ahí está.
Yo me he sentido un poco frustrada, porque el extremo cansancio que siento durante el día, no me ha permitido continuar con un proyecto en particular en el que llevo trabajando meses, pero espero que pasando el primer trimestre me sienta mejor, y lo pueda echar a andar cuanto antes, ya les platicaré.
Mi cuerpo sigue cambiando, todavía no parezco embarazada, pero mi ropa ya empieza a apretar de la panza, y aunque mi hermana insiste que ya saque mi ropa de maternidad yo me resisto, creo que todavía es muy pronto, puedo usar la ropa que me queda más flojita hasta que de plano ya no me entre, y así evito odiar mi ropa de maternidad a la mitad del embarazo.
Creo que mis estados de ánimo también están un poco más estables, ya puedo identificar cuáles son los momentos del día que más trabajo me cuestan, y trato de distraerme o sentarme un instante a descansar, aunque mi hijo no me da grandes oportunidades de hacerlo. También descubrí, con un poco de ayuda de mi doctor, que cuando peor me siento del estómago, es cuando he pasado varias horas de ayuno (antes de comer o de cenar), así es que trato de comer algún snack a media mañana y a media tarde, para tranquilizar la acidez y las náuseas.
Así han pasado los días, y aún cuando los malestares continúan, yo cada vez estoy más feliz y convencida de la decisión que tomamos; cada día quiero más a este bebé que viene en camino, y ya lo esperamos con los brazos abiertos. mj
Ilustración: Carmen Lara

lunes, 7 de noviembre de 2011

Semanario de una Mujer Embarazada



Pues si queridas lectoras de Ácido Fólico, así como lo leen ¡Estoy embarazada!.

Todo comenzó a finales del mes de Septiembre, cuando mi esposo y yo empezamos a hacer cuentas y a platicar sobre tener otro bebé. Considerando la edad de nuestro primer hijo, que el día de hoy cumple 19 meses, los tres años cumplidos antes de septiembre para entrar al kínder, así como otros detalles sin mayor importancia, decidimos buscar a un nuevo integrante de nuestra familia durante los meses de Octubre y Noviembre; si no teníamos suerte, lo intentaríamos hasta el siguiente verano.

Aunque las cosas no siempre salen como uno las piensa, mi esposo y yo nos hemos caracterizado por ser una pareja, y ahora una familia, que planea con suficiente anticipación los eventos importantes, y aunque puede parecer, en opinión de otras personas, que nuestra vida es aburrida por eliminar el elemento sorpresa, cuando menos en la medida de lo posible, a nosotros hasta ahora nos ha funcionado.

Pues así las cosas, tuvimos la bendición, y también la gran suerte, de encargar a nuestro segundo hijo o hija a principios de octubre, por lo que al día de hoy, considerando la fecha del primer día de mi última regla, como se sacan las cuentas, tengo 6 semanas de embarazo.

Las primeras pruebas caseras me las hice estando de viaje con Carol, hace ya dos semanas; no estaba propiamente retrasada en mi periodo menstrual, pero consciente de que ya habíamos empezado con los primeros intentos, y con el ánimo de ser una “madre responsable”, decidí comprar dos pruebas, carísimas por cierto, que aseguraban que identificaban si estás o no embarazada desde 5 días antes de tu regla.

Las dos salieron negativas, y aún cuando confieso que me sentí algo desilusionada, pensé que era una señal para disfrutar de mi viaje sin preocupaciones, comer como náufrago y tomar vino como cosaco. Caminamos muchísimo, y por las noches yo terminaba exhausta; Carol insistía en que nos saliéramos a pasear hasta las 11 o 12 de la noche, y yo de plano no tenía más energía, pero no nos resultó extraño o sorpresivo, porque yo nunca me he caracterizado por ser la persona más nocturna y energética.

Le avisé a mi esposo de las pruebas negativas, y se limitó a decirme “en Noviembre lo intentamos otra vez”, con un tono de desilusión. Pero regresé de viaje, ahora sí con un retraso de dos o tres días, y decidí hacerme otra prueba de orina, que para mi sorpresa resultó positiva.

Por la tarde le hablé a mi doctor, y lo primero que me dijo después de saludarme fue “estás embarazada”; le comenté de las primeras pruebas que me hice, a lo que, con el tono bromista que lo caracteriza, me respondió “es que esas son para gringas”. Me pidió que me hiciera análisis de sangre, y de una vez los demás para aprovechar el piquete, biometría hemática, orina, etc.

Al día siguiente, después de dejar a mi hijo en la escuela, me fui volada al laboratorio, y dos horas después, revisé mis resultados en internet. La prueba cuantitativa de sangre señalaba que estaba en la tercera semana de gestación, y con unos nervios indescriptibles le hablé a mi esposo para darle la buena noticia.

Confieso que aunque estoy plenamente feliz con la espera de mi segundo bebé, también estoy preocupada y un poco nerviosa, porque ahora sé exactamente a lo que voy, ahora estoy consciente de la responsabilidad que implica ser mamá, y de lo demandante que puede ser quedarte en tu casa “de tiempo completo”; pero nada en absoluto me hará cuestionarme si tomamos o no una buena decisión, ahora me queda claro que un hijo es lo mejor que te puede pasar en la vida.

Estas primeras semanas me he sentido muy bien, solo un poco adolorida de los pechos, cansada y sedienta, pero afortunadamente no he tenido achaques que no me permitan hacer mi vida normalmente. La semana pasada fuimos a nuestra primera visita al doctor, ya vimos a nuestro pequeño “confeti” y parece que todo va muy bien. En este espacio, con la  esperanza de no aburrirlas, cada semana les contaré los avances más significativos de mi embarazo. mj

Ilustración: La Abuela por tercera vez!.