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miércoles, 15 de febrero de 2012

Mamá: apaga a abuela.



Sobra decir que Internet ha cambiado la forma en la que nos comunicamos con el mundo. La posibilidad del contacto a través de las redes sociales, de la escritura gracias a los blogs, de las búsquedas inmediatas, son ahora elementos esenciales en nuestro día a día.

Así las cosas no se puede dejar de lado un invento que parece magia Skype este pequeño que te permite ver y hablar con alguien a través de la pantalla. Me acuerdo que las primeras veces que lo usé me sentía ridícula y más que ver al otro veía mi reflejo (que en realidad no es un reflejo) en la pequeña ventanita de mi pantalla, intentaba arreglarme un poco, acomodarme el peinado y encontrar sin que fuera evidente para aquél que me veía del otro lado, mi mejor ángulo.

El tiempo pasó  y platicar por Skype se volvió algo ordinario, como hablar por teléfono o mandar un mensaje. Lo inesperado ahora ha sido ver como Lucía, mi hija que no tiene ni dos años ha crecido con la nueva tecnología.

Como mi mamá no vive aquí casi a diario nos conectamos para platicar un rato. Mi hija le cuenta lo que ha hecho en el día, le enseña juguetes, le canta canciones y hace monería  y media frente a la cámara. Mi mamá, ávida de la nieta (y el nieto porque Gambi, también participa de todo esto), les enseña todo lo que ellos quieren, recibe a través de la pantalla el café que los nietos le ofrecen, canta a todo pulmón las canciones que le piden y busca una y mil veces a Pulga (su perrita) para mostrarla frente a la cámara ante la petición de los pequeños encantos.

Las conversaciones casi siempre están salpicadas de momentos chuscos, a veces una de las dos partes no entiende a la otra y se quedan mirando en busca de explicaciones o un traductor  (que casi siempre es la mamá en turno), hay días en que es tan grande el deseo de los nietos de acercarse a la abuela que babean la computadora al dar un beso o intentar la cercanía de un abrazo, en momentos de urgencia yo he llegado a “encargarle” a mi mamá a Lucía para ir al baño o bajar por algo que necesito (el encargo por supuesto consiste en explicarle a mi hija que voy a hacer, correr a la velocidad del rayo a hacer lo que quiero mientras escucho a mi mamá hablando con mi hija, que por fortuna entiende que “se queda con abuela” un poquito y no se mueve del lugar en el que está), hay veces en las que la conexión es mala y  entonces la abuela se petrifica y los nietos gritan – abuela, abuela, no se ve-, o días en los que las que quieren hablar con abuela son más bien las mamás, entonces monopolizamos la pantalla y la platica y aburrimos a los niños por completo.

Hace unas semanas mi mamá y yo estábamos platicando por Skype encantadas, mientras Lucía harta de llevarnos café, enseñar monos y cantar para interrumpir la platica intentaba llamar la atención de una de las dos, cuando de plano fue demasiado, se puso frente a mi y me dijo: -mamá, apaga a abuela- ante semejante petición no pude más que apagar cordialmente a mi mamá y seguir con las actividades de la tarde. cj

Ilustración de la abuela

viernes, 11 de noviembre de 2011

Las tardes eternas



¡Qué semana tan eterna!, comentábamos Carol y yo el otro día, mientras nuestros hijos se sacaban los ojos por un  bote de limpia pisos que se encontraron en el patio de su casa.
Y es que a veces, cuando estás tan cansada y llevas toda la tarde tratando de entretener a tu hijo, cuando ya le enseñaste todos sus juguetes, le sacaste libros, lo pusiste a pintar, le diste un refrigerio, y sigue con la pila recargada, sientes que el tiempo se detiene, y que nunca llegará la hora del baño, la cena, y la anhelada noche para dormir.
Pensábamos en la gran ventaja que tenemos de vivir cerca, y de tener hijos de la misma edad que como sea se entretienen, aunque cada vez son más frecuentes los pleitos, pero ya nos volvimos árbitros profesionales y tenemos turnos para llamarles la atención.
Pero es una realidad que no somos las únicas mamás en el mundo que padecemos del ocasional aburrimiento de los hijos, y es que a veces piensas en el parque que está cerca, pero eso implica estarlos persiguiendo, esquivar a los ciclistas, vigilar que no se coman el pasto o que recojan todo lo que se encuentran en el piso.
Y no quiero parecer negativa, la entrada del día de hoy está más encaminada a pedirles sus sugerencias y comentarios, ¿qué hacen ustedes con sus hijos en las tardes?; no cabe duda que la unión hace la fuerza, y seguramente habrá actividades que no se nos han ocurrido, y que pueden resultar un éxito no solo para entretenerlos, sino para que aprendan y se diviertan.
A veces recurrimos a lo más complicado, queremos que los niños se entretengan con juguetes sofisticados, que prácticamente se juegan solos, y los arrumban a los cinco minutos; en cambio, le perdemos el interés a las cosas simples, a lo que ellos realmente les llama la atención, como desenroscar una tapa, voltear una maceta, y porque no, hasta barrer y trapear, que resultan de las actividades favoritas de mi hijo últimamente.
En fin, este es nuestro dilema de la semana, que aunque ahora que lo leo parece de lo más simple, se vuelve complicado por ahí de las tres de la tarde, después de comer, cuando a las mamás (especialmente a las que trabajan y a las que estamos embarazadas) nos empieza a entrar un sueñito difícil de combatir, pero no nos queda más que aterrizar y sacar fuerzas de donde podamos para seguir con la lucha de todos los días. mj
Ilustración: Carmen Lara