Habrá quién de inmediato diga –es EL mejor que existe, ¿quieres su celular, el número del consultorio, su dirección?- estas personas han tenido suerte con el pediatra, confían en sus palabras, recetas y diagnósticos sin el menor problema. Cuando me encuentro a alguien en esta situación, tengo que admitirlo: me da una envidia enorme.
Yo no he tenido propiamente una mala experiencia con alguno de estos especialistas, lo que he tenido son muchas dudas que se quedan sin resolver y la constante sensación de que no me escuchan mientras les comunico con todo detalle los problemas de mi hija. Además de que siempre, irremediablemente, le recetan más medicinas de las que yo creo que son necesarias.
Por desgracia para los pobres pediatras existe Internet y una mamá obsesiva como yo: siempre investiga los medicamentos que recetan. Admito que es un arma de dos filos, a veces me quedo tranquila porque resulta que mi investigación coteja con el diagnóstico del pediatra y otras me vuelvo loca pensando en si darle o no la medicina.
Y es que como atinadamente me dijo el primer pediatra que visité: -señora a fin de cuentas quién más sabe es la mamá- a lo que yo le respondí pues si y no. Es verdad que yo sé si mi hija está rara, con la temperatura un poco más alta de lo normal, irritable o sensible, pero yo no estudié medicina así es que ciertos síntomas pueden pasar desapercibidos o jugar un poco con mi imaginación hipocondríaca.
Mi sueño más grande sería poder platicar largo y tendido con él o la pediatra de mi hija, contarle los pormenores de su vida, cada avance y retroceso, expresarle mis más profundos miedos y aquellas teorías que he formulado sobre la salud, los niños y las enfermedades, en fin si me diera tiempo creo que hasta le leería todo Ácido Fólico y le pediría una lista de comentarios y sugerencias. Lamentablemente vivimos en un mundo en el que lo que más cuesta es el tiempo y las visitas al doctor son como los cambios de pañal, las primeras meticulosas, largas y atentas a los detalles, conforme avanza el tiempo y se adquiere práctica se van haciendo más agiles y después del año son de volada y en automático.
En los últimos días he tenido la oportunidad de platicar con dos amigas que tienen bebés recién nacidos, a las dos les dijeron que sus hijos tienen reflujo y les recetaron un arsenal de medicamentos. Una de ellas me llamó hace una semana, harta, cansada y asustada porque su pequeña no dejaba de llorar, lo que más le pesaba a mi amiga era la cantidad de cosas que le habían recetado a su hija que no tiene ni un mes: medicinas antireflujo, antigas, para rotavirus y para el resfriado – y lo peor- decía mi amiga –es que antes de que le diera las medicinas estaba bien y ahora llora todo el día-.
El caso me sonaba más que familiar, a mi hija también le diagnosticaron reflujo a las pocas semanas de nacida, cuando se lo conté a mi mamá me dijo con toda seriedad –esa niña no tiene reflujo, se atasca de comida y luego echa lo que no le cabe- yo con el ansía hasta los ojos le hice más caso al doctor que a mi mamá, pero la medicina le cayó de la patada y la puso sumamente irritable, entonces empecé a leer sobre reflujo, las causas, síntomas, y demás pormenores y mientras más leía, más me enojaba pues mi hija no tenía ni uno de los síntomas que ahí mencionaban. Y es que, ¿qué casualidad que en estos tiempos parece que todos los niños tienen reflujo?. Así que le deje de dar la medicina, siguió echando leche pero dejo de llorar y no volvió a tener malestar.
No les voy a contar cada visita al doctor o diagnóstico, porque no acabaría y ustedes no volverían a leer AF nunca más. Lo que me parece importante es que no nos quedemos calladas, así como un excelente doctor merece ser recomendado, uno sin tacto, tiempo y atención merece que le expresemos nuestras dudas y en última instancia le hagamos saber que lo que receta o diagnostica no le va bien a nuestros hijos.
El chiste no es atacar a los pediatras, por el contrario la invitación es a sacarlos de la prisa en la que ha caído la profesión y animarlos a que disfruten lo que hacen y compartan su conocimiento con esos pobres mortales que somos papá y/o mamá. cj
Ilustración Carmen Lara
Ilustración Carmen Lara
