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viernes, 13 de enero de 2012

No estaba muerto...



Efectivamente queridas lectoras AF no está muerto sólo anda de parranda… La verdad es que se nos viene la vida encima y terminan los días y las semanas sin que ninguna de las dos tengamos mucho tiempo para sentarnos frente al teclado y verter nuestras historias y peripecias en torno a la maternidad.

Pero valga decirlo ¡cómo las extrañamos!, estos diálogos sobre maternidad se han vuelto entrañables para nosotras y la página se ve tan triste que ya casi ni nos atrevíamos a entrar o pensar mucho sobre el tema. Pero estamos de vuelta y el 2012 será un año de mucho Ácido Fólico, no sólo porque un nuevo integrante de la familia se está cocinando (Michelle ya va casi en la semana 16) sino porque también nuestros hijos crecen a la velocidad de la luz y cada día están más simpáticos, alocados y llenos de aventuras que les queremos compartir.

Seguiremos hablando de educación porque hoy más que nunca es un tema que nos preocupa y es ineludible como madres, compartiremos recetas, actividades, nuestra sección consentida de “querido diario” y aquellas actividades culturales que consideremos atractivas y pertinentes y por supuesto sigue abierto el espacio, para escucharlas, y publicar sus historias.

Así que sin más ¡Feliz Año Nuevo!, ¡Feliz reencuentro! Y ¡Feliz lectura de AF!
Un abrazo muy fuerte de parte del equipo de AF.

Ilustración Carmen Lara (la única que no pone pretextos y siempre está lista para AF)


viernes, 2 de diciembre de 2011

La Ilustradora



Después de una semana de mucho trajín, por fin me presento en AF. Tuve una semana terrible y AF lo resintió un poco.

Hoy viernes quiero aprovechar el espacio y el cariño de nuestras lectoras para desearle a Carmen Lara, nuestra maravillosa, adorada y maternal ilustradora que se recupere pronto de su operación de la rodilla, a estas alturas ya salió del quirófano y sabemos que el procedimiento fue un éxito, solo le queda seguir al pie de la letra las indicaciones del médico, hacer la rehabilitación indicada y no alocarse demasiado cuando esté cerca de sus nietos (esta será sin duda, la parte más difícil para ella).

En fin… la semana que viene AF regresa con más fuerza que nunca, para platicar de las fiestas que ya están encima, compartir galletas, abrazos y la dicha enorme de ser madres.

Un abrazo hasta entonces, cj

Ilustración re-posteada de Carmen Lara

martes, 25 de octubre de 2011

¡De pinta!


Queridas lectoras, esta es una carta para hacerles una tremenda confesión: Michelle y yo nos fuimos de pinta, así sin más nos escapamos de nuestras labores maternales por ¡cinco días y cuatro noches!.

Lo sabemos, no tenemos un gramo de vergüenza pues no solo abandonamos a su suerte a nuestros pequeños y dependientes hijos, también a nuestros grandes e independientes esposos, a nuestros padres, nuestros perros y a ustedes entrañables lectoras.

Nos fuimos con un poco de culpa, que en cinco minutos se borró y se convirtió en un sentimiento de irremediable locura, felicidad y juventud. Dormimos noches completas, comimos mucho y extendimos las sobremesas lo más que se pudo, bebimos excelente vino tinto y nos deleitamos en las minucias que uno da por hecho antes de ser madre: tomar un baño sin prisa, elegir cuidadosamente el atuendo del día, peinarse y pintarse (aunque con prisa, hacerlo ya es ganancia), horas enteras de lectura, paseos a altas horas de la noche, platicas sin interrupciones, divagaciones sin sentido a lo largo del día, ser las consentidas por el abuelo (nuestro compañero de viaje) y la dicha de saber que por unos días el tiempo es única y exclusivamente tuyo.

¿Y no extrañaron? se preguntaran. A lo que sinceramente les respondo que sí pero no. Los días previos al viaje fueron una tortura, yo me sentía la peor madre del universo por dejar sola a mi hija, pensaba que sería incapaz de disfrutar y aplace tanto la confección de mi maleta, que acabé justo cuando el taxi llegó a mi casa. Cuando me despedí de mi hija lloré a mares, como salíamos en la madrugada fue mientras la arrullaba en la noche que le repetí que me iría de  viaje y no nos veríamos por unos días, a lo que ella tiernamente respondió -“cama”- pidiéndome con toda ternura que me callara la boca, la pusiera en su cuna y la dejara dormir. Mi esposo me esperaba afuera del cuarto para darme el pésame y decirme que todo estaría bien y que no traumaría para siempre a mi pequeña con este viaje. En fin después de tanto moco y lágrima me fui.

Y el sentimiento de congoja desapareció como por arte de magia, disfrute el taxi, el aeropuerto y su pésimo servicio, el reducidísimo espacio del avión y cada detalle que en otro momento me hubiera parecido absurdo o cansado. Tener a Michelle a mi lado y compartir el sentimiento de culpa-libertad- euforia fue lo mejor, pues una vez más vivimos la misma experiencia. Cada quien en su estilo, pero compartiendo los detalles.

Veíamos niños de la edad de los nuestros y pensábamos en los propios, añorábamos su olor, voz y abrazarlos con todas nuestras fuerzas, pero nos sentíamos felices de no tener que cargar pañaleras y todo tipo de artefactos para entretenerlos, platicamos de ellos hasta no poder más, pero también platicamos de nosotras, de lo que ha cambiado nuestra vida y lo bien que se sentía el descanso. Además, he de confesarlo, saber que se encontraban con sus respectivos padres y sus compartidos abuelos era el pasaporte para no agobiarnos por un segundo, si necesitaban un abrazo maternal ¡ahí estaba la abuela!, brincos y juegos ¡el abuelo!, su cama, rutina, entorno y diversión del día a día ¡ahí estaba papá!, si claro hacía falta la mamá pero por unos días hasta a ellos les vino bien la separación.

Ayer que llegamos por supuesto los retacamos de besos, abrazos y apapachos, mi hija me pareció mucho más alta y grande y hoy que la peine definitivamente noté cuanto le creció el pelo en estos días. Hoy estamos de nuevo todos juntos, los maravillosos abuelos regresaron a Morelia y nosotros poco a poco regresamos a la rutina que después del descanso nos hace sentir que tenemos la mejor vida que se puede pedir.

Así que en cuanto puedan: ¡escapen! Unos días de no ser mamá le devuelven la magia y encanto a esta agotante pero hermosísima labor. cj

Ilustración Carmen Lara (aprovecho para agradecerle a la abuela una  y mil veces la oportunidad, el cariño y la dedicación con el que cuida a los nietos. Gracias, gracias y gracias mamá)

martes, 11 de octubre de 2011

¿papá?

Últimamente mi esposo ha tenido que viajar por cuestiones de trabajo, hecho que ni a mí ni a mi hija nos encanta, yo entiendo que es algo pasajero y necesario, mi hija por otro lado, se frustra y entristece hasta las lágrimas. Y es que al final del día, cuando yo ya estoy muy vista y lo que más desea en el universo es ver a su papá, la espera que no culmina se le atora en la garganta y por más que le explico no puede no sentirse decepcionada.

En estos casos lo que más me ha servido es hablar con ella hasta el cansancio, explicarle como puedo que después del desayuno, la comida o la noche (dependiendo el caso) va a ver a su papá. Y es que siempre me ha parecido irrespetuoso engañar a los niños, cambiar , evadir el tema o hacer como que no pasa nada para evitar un berrinche, desplante de frustración o llanto de tristeza. La idea de que si no hablas, no pasa nada o desaparece el problema, es siempre una falta de consideración con el otro, no importa la edad que tengan.

En ese sentido si cuando mi hija pregunta por su papá le entristece la respuesta, hago lo posible por reconocer su sentimiento –si, mi amor, ya sé que estás triste y tienes muchas ganas de ver a papá, pero acuérdate que está de viaje y ya _______ llega-. Lo increíble es que las palabras realmente funcionan, nombrar los sentimientos, explicarlos y presentarlos como son, les ayuda a ellos a entender lo que viven.

Claro que a veces no contamos con que el sentimiento aflora a la menor provocación y en momentos en los que es un poquito inoportuno, cómo hace una semana que mientras mi hija cenaba (después de jugar y platicar por horas de por qué todavía no llegaba papá) le pregunté -¿quieres una papa? – claro que me refería a la verdura que yo veía claramente en el plato, pero ella inmediatamente asocio la palabra con el sentimiento que seguía en la superficie de su ser, entonces soltó el llanto y no pudo más que decir –papááááááááááááááááááá- en esos casos, no queda más que abrazarlos mucho e intentar que pronto se encuentren entre los brazos de tan aclamado y extrañado ser. cj

Ilustración Carmen Lara