miércoles, 25 de marzo de 2015

Oídos Atentos



Las cosas no van bien en el país y los adultos lo sabemos y nos tragamos a sorbos o sin paladear todo aquello que nos repugna y asusta: la violencia desmedida, la burocracia, la ineptitud de los gobernantes, la censura, el desempleo y un cúmulo de situaciones que parecen estar sacadas de películas de terror y no de la vida cotidiana. Es terrible pero nos hemos acostumbrado a vivir entre estos temas, a sonreír a pesar de las ausencias e injusticias y a intentar concebir nuevos proyectos e ideas aunque parezca que no tienen cabida.

Nos hemos acostumbrado a tal grado al malestar en el que vivimos que en el día a día se nos han olvidado los niños, saturados de imágenes violentas, de charlas de café que tienen que ver con gente que desaparece y estudiantes que matan, con periodistas amenazados y mujeres violentadas solo por ser mujeres. Hace un par de semanas Yolanda Reyes, una gran escritora colombiana que trabaja de forma incansable por la infancia publicó un articulo titulado "Los niños tienen orejas" en su texto habla sobre el trabajo que nos cuesta platicar con los pequeños sobre realidades de dolor y violencia.

Después de leer el articulo recordé que días antes Lucía mi hija de cinco años en medio de un desayuno familiar, soltó una frase apenas audible que en el momento me sorprendió, “oídos atentos” lo dijo como cantando, viéndome a los ojos y sin preguntar nada, luego se fue a jugar y el momento pasó tan rápido como había llegado, yo me quede pensando sobre la platica que en esa mañana había abordado las noticias de la semana y no encontré nada especial o alarmante para relacionarlo con las palabras de mi hija.

Luego llegó el articulo de Yolanda y pensé que tenía que rescatar lo sucedido así que ese día mientras comíamos le pregunté a Lucía sobre aquél “oídos atentos” que había soltado como un murmullo, pensé que tal vez no se acordaba pero en cuanto lo mencioné dejo la cuchara y comenzó a columpiarse en su silla y me dijo que lo había dicho porque estaba oyendo lo que platicábamos, ¿y qué platicábamos? Le pregunté sorprendida, su respuesta fue concisa pero tajante –de los muertos-. Cuando la escuché sentí que se me iba la fuerza, entonces vi que ella había dejado su silla y se encontraba pegada a la mía esperando que le dijera algo, solo pude decirle que a veces los adultos comentamos cosas que pasan sin explicarlas o aclararlas a los niños, le dije que siempre podía preguntarme sobre cualquier cosa que escuchara y que yo trataría de que lo entendiéramos juntas, entonces me abrazo se subió a mis piernas y se puso a llorar durante un  ratito, en medio del llanto me dijo –mami, es que me da miedo-

A mí también me da miedo, me da pavor que le pase algo a ella, que le toque este país que cada día se pone peor, que la sangre ajena se vuelva moneda corriente y que se nos olvide atender el miedo y la mirada de los otros. Por eso intento escribir y compartir esto que seguramente muchos ya han vivido porque como cuenta Yolanda los niños tienen orejas y ojos y un cerebro que intuye y sabe más de lo que queremos reconocer.


Nos leemos,

cj

La ilustración es de el cuento "Orejas de Mariposa" de Luisa Aguilar y André Neves de editorial Kalandraka


martes, 3 de febrero de 2015

Primer intento para dejar el pañal...


Pues así, primer intento... fallido.

Este pasado fin de semana, aprovechando que sería largo porque los niños no tuvieron clases ayer lunes, decidimos iniciar formalmente con el proceso de control de esfínteres de Jerónimo, mi hijo menor que tiene dos años siete meses.

Después de oír todos los comentarios y opiniones de familiares y amigos, algunos cercanos y otros no tanto, sobre la aparente urgencia para acelerar esta etapa, cual mamá primeriza me dejé llevar por la presión, y en lugar de seguir mis propios instintos y entender el proceso de maduración de mi hijo, estaba determinada a decirle adiós al pañal en estos tres días de intensa insistencia.

Se que no es sano ni justo hacer comparaciones entre los hijos, pero es inevitable tomar como referencia los tiempos que le han tomado al primero hacer ciertas cosas y llegar a ciertas metas, y esperar que el segundo siga los mismos pasos. Sin embargo, los hechos y el tiempo te llevan a entender que como personas distintas e independientes, no puedes esperar que las cosas sean iguales, ni siquiera parecidas, eso es parte de lo que he aprendido como Mamá de dos niños que son totalmente distintos.

Jerónimo es un niño que se toma su tiempo, que hace las cosas cuando a él le funcionan o le hacen falta, pero las hace. Así fue cuando empezó a gatear, después a caminar, y actualmente a hablar. Honestamente me da gusto que tenga un carácter fuerte y determinante, que no se siente presionado y si siente que no es el momento de hacer o decir algo, simplemente te dice NO.

Me queda claro que ya está en una edad en la que le gusten o no ciertas cosas las tiene que hacer, y no vamos a ceder ni a ser menos estrictos en su educación por su necedad o rebeldía, sin embargo, el proceso de dejar el pañal si requiere voluntad, madurez, y otras tantas cosas que a veces a los adultos nos cuesta entender.

Así pues, nos mentalizamos y empezamos el sábado temprano con los calzones de súper héroe y la bacinica que le heredó su prima. Al principio se sentó emocionado, su hermano mayor le echaba toda clase de porras y lo sobornaba con todos los juguetes de su cuarto, pero no pasó nada. Estuvimos toda la mañana insistiendo y haciendo visitas periódicas a la "nica", hasta que por fin hizo pipí y se desató la locura, los abrazos y felicitaciones (que creo que al final lo asustaron más que otra cosa).

El Domingo lo sentamos al despertar, pero amaneció con el pañal mojado y no tenía ganas; seguimos insistiendo, pero se empezó a resistir incluso a sentarse. Tratábamos de no hacer tanta faramalla, porque evidentemente el día anterior no habíamos tenido un buen resultado, y sobre todo tratamos de contener la emoción de Gabriel, mi hijo mayor, porque parecía que a Jerónimo más que motivarle que su hermano grande ya hace pipí y popó en el escusado, le molestaba.

Más tarde tuvimos un "accidente", tratamos de contener la calma (y el vómito), lo llevamos al baño y le dijimos que no pasaba nada, pero que la próxima vez nos debía avisar para evitar que sus piernitas, y pompas y pies, etc, se embarren de popó. Mientras lavaba y tallaba el calzón me acordé de la otra razón que me obligaba a desaparecer todos los pañales de la casa (¡SUS POPÓS YA SON DE ADULTO, O CUANDO MENOS EL OLOR...!).

A partir de ese momento no hubo poder humano que lo convenciera para intentarlo otra vez, le leímos el cuento de "Plip & Charly en ¿por qué no vas al baño?" (de Jonathan Farr) unas 15 veces, Gabriel se lo actuó, le compramos una caja de huevos kinder y le ofrecimos uno cada vez que saliera popó en el baño y nada... su actitud ya era desafiante, molesta y de absoluta negación.

El Lunes por la mañana me escribió Carol para preguntarme como nos iba, mi respuesta fue "estoy agotada, desesperada y frustrada", y después de un intercambio importante de mensajes, decidimos que le haría bien irse un rato con su prima y sus tíos para olvidarse del asunto. Lo llevaron a una librería para que escogiera un cuento de actividades, intentaron llevarlo al baño un par de veces pero igual se negó. Regresó profundo y el veredicto fue: está estresadísimo.

Cuando despertó le ofrecí ponerle nuevamente un pañal, me contestó inmediatamente y con una sonrisa "SI MAMÁ". Y así concluyó este primer intento. La idea es seguir hablando del tema, volverlo algo cotidiano con el apoyo de las maestras de la escuela, y cuando lo volvamos a intentar en unas semanas definitivamente no haremos tanto alboroto, porque la sobriedad de Jerónimo no nos lo permite. mj.


jueves, 6 de noviembre de 2014

Por esas 43 y tantas otras mamás heridas


Nosotras vivimos heridas, no levantamos la cara por miedo a que descubran nuestro rostro y el dolor permanente en nuestra mirada, no somos cobardes porque seguimos luchando, pero cada día la lucha pesa más, porque sabemos desde lo más profundo, desde ese espacio incierto en el que gestamos a nuestros hijos, que en este país los hijos desaparecen.

Somos todas y no lo somos, porque desde mi terror aún tengo la dicha de contemplar a mí hija, de saberla a salvo, de apretarla contra mí y tomarla de la mano. Yo aún no soy la madre que deambula sufriendo la peor laceración que puede sufrir quién ha engendrado vida en su vientre o espíritu. La ausencia. El desconsuelo infinito al perder lo que más se ama.

Ese dolor revienta en las entrañas, presa del eco perpetuo de las preocupaciones mínimas de una madre ¿tienes frío mi amor? ¿comiste? ¿qué pasa que sigues con la ropa sucia? ¿estás asustado? ¿te lastimaron? ¿qué sucede? ¡contesta! ¡no te escucho! ¿está obscuro? ¡no te encuentro! ¡hijito, hijita! ¡maldita sea! ¡mi niño, mi niña!, ¡¿en dónde te han puesto?! ¡¿qué te han hecho?!

Aquí a los hijos se los tragan los cerros. Parece que vale más ser de los que pegan que intentar resolver las cosas con palabras, hay que escupirle a los otros para garantizar el pellejo y no andarse con buenos modales porque la amabilidad confronta y se paga con balas, palos, desaparecidos…

Hija, este es el país que habitas, que me roba el sueño y hace temblar a las madres. Protegeré hasta las nubes la infancia que te arropa y el color de tus sueños, trabajaré hasta arrastrarme por cambiar estos paisajes y bordar algo de esperanza, porque mereces más vida, porque esa madre que somos todas y solo es ella tiene que saber que algo haremos, que el desconsuelo no nos robará la lucha, que su miedo es el nuestro y sus lágrimas las que iluminen el cambio.


Yo soy madre, soy mexicana y me pronuncio en contra de la violencia y corrupción que saquea el México en el que estoy viviendo. Abrazo a cada mujer que ha experimentado el crimen en la carne masacrada o desaparecida de sus hijos, condeno el pavor que nos imponen y el régimen de mentiras en el que nos mantienen. Yo soy madre y no descansaré hasta cambiar la realidad inmunda que me niego a heredarle a la hija.

cj

*La reflexión por supuesto va también a todos los padres de familia.
** La imagen es una muestra de las ilustraciones individuales que realizaron reconocidos artistas del país.

lunes, 28 de julio de 2014

Estimados padres de familia:

Han pasado casi dos semanas desde que terminó el ciclo escolar, un año que personalmente fue complicadísimo porque me estrené como directora de secundaria y en medio del caos del reconocimiento entre alumnos y maestros, en diciembre nos avisaron que la escuela en la que estaba cerraría sus puertas definitivamente en julio.

La experiencia sigue fresca y hay tantas cosas que aún tengo que reflexionar al respecto que no me atrevo a hacer juicios sobre el trabajo que desempeñé o si me gustaría volver a ejercer un cargo de este tipo en otra escuela.

Un día antes de la graduación y último día de clases, después de innumerables citas con papás y de padecer la presión de la SEP que exigía descaradamente que pasara a todos los alumnos, llegué a mí casa y me puse a escribir una carta que sabía que nunca enviaría, una carta que me sirvió para sacar un poco de las frustraciones y tristezas con las que me topé a lo largo del año, porque lo más difícil de cambiar son las miradas obtusas e irrespetuosas de algunos padres de familia, porque parece que vivimos en un país en el que la educación siempre será una actividad menos y que no es necesario atender.

Les comparto la carta,  porque como mamá no quiero descuidar lo importante  y darme cuenta demasiado tarde del tiempo y los límites que son imprescindibles para mi hija. 

Me encantará saber sus piensos o experiencias al respecto. 
cj

La imagen es de ISOL

Estimados Padres de Familia,

Se acabó el ciclo escolar y es momento de que escuchen, sí, porque los he escuchado por horas, en mi oficina, por teléfono o a través de sus correos, también a aquellos que creen no haber dicho nada han hablado más de lo que se imaginan con su silencio y ausencias.

Quiero que sepan que dirigir la secundaria de sus hijos me ha abierto los ojos más que cualquier otra experiencia en mi vida, si antes creía en los adolescentes y me parecía interesante trabajar con ellos, ahora sé con certeza que en la mayoría de los casos, los chicos de secundaria son víctimas del pésimo sistema de educación que reina en nuestro país, la desatención que viven en casa y los complejos de eterna juventud de sus padres. En pocas palabras, víctimas del individualismo desmedido que es el estandarte de la sociedad moderna.

A un adolescente se le educa desde la cuna, se empieza con el cariño y los cuidados básicos y se continúa con el respeto esencial que todo ser humano debe brindarle a otra persona, se refuerzan una y otra vez las palabras de cortesía, las formas que parecen de otra época y ahora hacen tanta falta. A un adolescente se le enseña a amar el conocimiento desde casa, con el ejemplo el respeto a sus inquietudes y el dialogo constante.

La adolescencia es un momento para crecer y asumir una postura frente al mundo, este proceso es doloroso y está lleno de dudas y momentos de ambivalencia, duele crecer, dejar la infancia y hacerse responsable de las decisiones que se toman, pero duele más el abandono. Ese abandono que muchos de ustedes esconden bajo la alfombra e ignoran cuando lo ven en las calificaciones, la falta de comunicación con sus hijos y la perdida del respeto entre generaciones.

Discúlpenme que se los diga pero a la escuela no le toca educar en todo lo que a ustedes no les interesa ser consistentes, los maestros no pueden reconstruir aquello que durante 13, 14 o 15 años se ha marchitado sin tregua. Los maestros somos personas curiosas e interesadas en el desarrollo integral de sus hijos, un desarrollo que creemos ya avanzado cuando llegan a nuestras aulas.

No sé en qué momento nos volvimos sus empleados, cuál fue el enormísimo error que cometió nuestra sociedad para criar adolescentes tiranos, niños en transición que nos truenan los dedos, vociferan un lenguaje lleno de insultos y al final del día lloran en un rincón porque no saben resolver una multiplicación. No sé qué los hace sentir a ustedes, papás y mamás, seres tan superiores a nosotros que acuden a nuestros salones a amenazarnos, culparnos del desempeño de sus hijos y echarnos en cara problemas que les tocaría resolver a ustedes.

En este tiempo aprendí que las relaciones con los hijos o se nutren a diario o se extinguen, no podemos ser padres y madres en los tiempos libres, la infancia se va demasiado rápido y hay muchos estímulos externos que luchan por quitarnos la responsabilidad de educar a nuestros hijos.

Como mamá, maestra y ex directora de secundaria, les pido que abran los ojos, que se tomen el tiempo necesario para atender a los jóvenes, que resanen las relaciones gastadas e intenten educar desde lo más importante. Los jóvenes de secundaria necesitan límites, juegan a ser mayores con el deseo inconsciente de que poco a poco se les marquen las reglas del mundo adulto, respetar la adolescencia no significa desaparecer del campo de visión de los jóvenes, es estar desde una distancia prudente pero constante, que ellos sepan que no están solos que aprendan a asumir sus errores y también a pedir ayuda.

Al final del día las calificaciones van y vienen, su rabia ante las reprobadas esconde muchas otras frustraciones que no deben descargar en mí o en los maestros, porque nosotros somos pasajeros, co-responsables por un rato del crecimiento y desarrollo de sus hijos pero nunca tendremos el lugar que tienen ustedes, estimados padres de familia.


Attentamente,
cj 

miércoles, 2 de julio de 2014

¿Mamá y profesionista? ¡Si se puede!

Cuando renuncié a mi trabajo al nacer mi primer hijo, pasé por toda clase de frustraciones, desde la desesperación de pasar largas horas en la casa con un humano mínimo que todavía no se podía comunicar, hasta la necesidad de sentirme "productiva" y reconocida por mi trabajo.

Esos sentimientos se fueron disipando con el tiempo, y también gracias a determinados factores como la intensa labor de mi esposo y de mi familia para convencerme del importante trabajo que estaba haciendo como mamá, al rápido desarrollo de mi primer hijo, al nacimiento de mi segundo hijo, y eventualmente al trabajo como Abogada independiente que hacía desde mi casa.

Fue hace al rededor de un año, cuando mi última jefa con quien nunca perdí contacto y a quien le tengo un gran cariño, me buscó para proponerme que regresara a trabajar a la misma empresa, pero con un reto completamente diferente.

De entrada la propuesta era muy atractiva, no sólo por las actividades que iba a desempeñar, sino por el horario flexible que me ofrecían, porque el puesto era de tiempo completo pero sólo tenía que estar físicamente en la oficina por las mañanas. También me tranquilizaba el hecho de que mi jefa sería una persona sensible a la maternidad, alguien que había pasado por la misma situación unos años antes y que entiende que cuando eres mamá, tu prioridad por encima de todo y de todos son tus hijos.

Finalmente después de meditarlo, de platicarlo con mi esposo, y de analizar todos los pros y los contras acepté el trabajo. Al principio entraba en pánico sólo de pensar en lo que me había metido, me preocupaba tremendamente el hecho de que llevaba tres años con otro ritmo y con otros horarios, no sabía si sería capaz de organizarme, de manejar el estrés que implica el trabajo, de hacer frente a las responsabilidades que ahora había adquirido, en fin, eran muchos los factores que me causaban terror.



Los primeros días estuve tan acelerada que ni siquiera tuve oportunidad de reflexionar, disfrutaba mis horas en la oficina aprendiendo cosas nuevas y reaprendiendo otras tantas, y cuando llegaba la hora de salir trataba de desconectarme y de cambiar el interruptor de mi cerebro para estar con mis hijos sin preocupaciones laborales y sin estrés.

Pero aún cuando mi horario era flexible, era frecuente que algunos pendientes o reuniones atrasaran un poco mi salida, o a veces era el tráfico el que ocasionaba que no alcanzara a llegar por Gabriel a la hora de su salida, y para no interrumpirlo en la comida y solicitar que alguna maestra lo llevara a la puerta, optaba por dejarlo en la ludoteca de la tarde. Los sentimientos de culpa no tardaron en llegar, y mi manera de subsanarlos inconscientemente fue con una tremenda sobreprotección y una preocupación constante por su salud.

Gabriel había entrado recientemente al kinder, y obviamente (ahora que lo veo a lo lejos) las nuevas actividades y el espacio enorme en el que pasaba las mañanas eran suficientes para agotarlo, pero en mi mente un poco alterada por la situación, yo le atribuía su cansancio a un sinfín de factores, incluso googleaba sus "síntomas" y encontraba terribles resultados y pronósticos. Afortunadamente esa fue sólo una etapa, y Carol ayudó mucho para convencerme de que Gabriel estaba perfecto, y que cuando estaba en la escuela era el niño más activo y energético del grupo.

Pasaron cerca de 5 o 6 meses en los que a pesar del cansancio, del inevitable estrés que provoca el trabajo, y de ocasionales conflictos familiares para organizarnos, yo ya dominaba mi nuevo estilo de vida. Puedo decir que era un momento pleno porque era una mamá y una profesionista satisfecha, veía contentos a mis hijos y a mi esposo y yo estaba satisfecha con los resultados que veía en mi casa y en la oficina.

Tuve la fortuna de aprender de un tema apasionante, y de hacer mis propias aportaciones por mi condición de mujer y de madre. Incluso me dieron la oportunidad de viajar a Nueva York, al evento anual que organiza ONU para premiar a las empresas y organismos que implementan los 7 principios para el empoderamiento de la mujer. Fue increíble oír tantas historias y darme cuenta de que prácticamente en todo el mundo hay personas e instituciones luchando por la equidad de género, por que las mujeres tengan las mismas oportunidades, los mismos sueldos y el mismo reconocimiento que los hombres, e igualmente promoviendo derechos de maternidad y paternidad justos que vayan de acuerdo a la realidad y a las necesidades de nuestros hijos.

Y bueno, esta historia continúa y tiene un desenlace agridulce que les compartiré más adelante, pero lo importante es que al día de hoy sigo feliz y satisfecha. mj

Ilustración de mi mamá, Carmen Lara

jueves, 26 de junio de 2014

Según Roxi

Crónica Nocturna

9: 15 ¡Hijita es tardísimo ya te tienes que dormir, pero mami, todavía no tengo sueño, no importa sube a que papá te ayude a lavar los dientes y cuando termines me avisas y yo subo al cuento… (mi hija refunfuñando obedece y sube)

9:17 ¡tengo cuatro minutos para hacer lo que se me antoje!, eligo una actividad edificante: reviso Facebook, nada interesante, una invitación de una amiga a darle like a una página que se llama Según Roxi, entro a la página (porque no le voy a dar like así nomás) parece que es un libro de maternidad, ¡qué asco, pienso, un libro tipo Yordi Rosado pero para mamás!

9:23 ¡Mamá, ya estoy lista!

9: 25 subo, cuento cuento, hago cosquillas, persigo a Lucía  a su cuarto y me acuesto con ella.

10:10 me despierto a punto de caerme de la cama de Lucía, ella se quedó dormida no sé a qué horas porque yo me dormí primero. Me espabilo y camino a mi cuarto. Mi esposo ronca en medio de libros y papeles, prosigo a lavarme la cara.

10:20 dientes y cara lavados, mi esposo hace bizcos para distinguir que soy yo, me comenta que el cree que ya se va a dormir y escribirá mañana, está agotado, apaga su lamparita, deja libros y papeles en el piso, vuelve a roncar.

10:23 muero de sueño pero tengo que bajar a hacer el café, tomar agua y apagar las luces.

10:27 listo el café para mañana, las luces de la cocina apagadas, sólo me falta apagar las luces de mi estudio y  a dormir. Entró a mi cuartito y veo mi compu prendida, me dispongo a apagarla y veo de reojo la página de Según Roxi en la cuál estaba hace más de una hora. Me molesto al ver de nuevo la página de la tal Roxi, decido googlearla antes de apagar todo.

10:33 E R R O R estoy enganchada con Roxi…

12:55  después de ver seis capítulos de Roxi ¡es mí ídolo! Quiero seguir viendo más, pero me lloran los ojos y sé que mañana necesitaré una grúa para levantarme y cincuenta tasas de café para funcionar. Cierro Internet.

12:58 pienso en AF y comienzo a escribir

1:15 Termino de escribir, no publico la entrada porque tengo que revisarla

6:30 suena el despertador

7:10 Llega Lucía a despertarme ¡¡¡es tardísimo!!!, me quedé dormida, me levanto como gas, me baño dormida, salgo histérica y apresuro a toda la familia.

8:00 todos bañados falta pegar unas cosas de la única tarea del mes que ha tenido Lucía, me achicharro con una taza de café, baja mi esposo listo para desayunar, le cedo la estafeta y subo a arreglarme.

8:10 me pinto, peino y pongo los zapatos temblando porque ya es muy tarde

8:40 me aparezco en la entrada de la escuela con cara de ya sé que llegué diez minutos tarde pero estuve resolviendo problemas tremendos, que ayudaran a salvar la humanidad, entiéndanme por favor.

9:55 el tiempo se me ha ido, no quiero esperarme hasta las 5:30 que salga del trabajo para publicar la entrada, tengo junta a las 10, me robo cinco minutos, escribo lo que me hace falta y publicó en AF.

Nota: queridas lectoras, ¡por favor, dense un tiempito para ver, al menos un programita de Roxi! Hasta donde sé es una serie argentina que se ve sólo en Internet (no estoy segura si allá si la pasan por TV) pero a mí me encantó, véanla y díganme qué opinan… las dejo, tengo que trabajar…

…les dejo el primer capítulo y el link a la página… véanla…

Nota 2: gracias Claudia por la recomendación, ahora estoy desvelada y arriesgando mi trabajo, pero feliz y enganchada a la vida de Roxi… véanla…


cj


martes, 24 de junio de 2014

Festival escolar

Hace una semana Lucía y Gamba tuvieron su festival de cierre de artes, llevaban días cantando las canciones de Pedro y el Lobo y estaban tan emocionados que a quién se dejara le actuaban y platicaban sobre su presentación.

De tanto oír a mi hija yo me aprendí las letras, los tonos y la frase que le tocaba decir en su papel de cazadora, el día del evento anticipaba con emoción la obra que ya me sabía hasta en sueños y verla jugar y emocionarse en el escenario después de tan ansiada espera.

El día de la actuación todo fue diferente, yo usualmente no lloro en sus presentaciones, al contrario, me divierto, me río y me siento la madre más orgullosa y feliz.  Pero esta vez desde que empezó la hermosa música de Sergei Prokofiev, sentí que me dolía el corazón y se me aflojaban las piernas, a los tres segundos un mar de lágrimas se me acumuló en la garganta y durante la media hora del espectáculo, lloré y lloré escondida en una esquina.

Mi llanto, luego analicé, tiene que ver más con otras cosas que con el recital de arte de Lucía. Tiene que ver más que nada con la separación y los cambios que nos esperan cuando concluya este ciclo escolar. Porque durante este año hemos aprendido a compartir un mismo espacio respetando cada una las actividades de la otra.

A veces llegamos juntas pero cada quién se va contenta a su área, Lucía a preescolar, yo a secundaria, nos vemos y abrazamos en los pasillos sin detener demasiado el tránsito de la otra, comemos juntas pero respetando nuestros tiempos y nos relacionamos con la comunidad de la otra con gracia y cariño, pero siempre conscientes del espacio ajeno. Ha sido increíble ver como Lucía construye y defiende sus espacios y cómo aprende a respetar mi trabajo y los tiempos en los que además de ser su mamá soy maestra y parte de una escuela.

Tristemente, la escuela se cerrará en julio, mi niña comenzará  en otra escuela y yo estaré desempleada hasta nuevo aviso, sé que como lo hemos hecho en otras ocasiones la vida se irá acomodando y encontraremos nuevas oportunidades y espacios que compartir, pero a veces es importante soltar el llanto cuando una etapa se acaba, cuando los ciclo que se pensaban para más tiempo duran menos de lo esperado y cuando la cazadora más simpática de toda la obra te mueve el corazón y hace que salgan todos esos sentimientos guardados. cj

Ilustración de La Abuela