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miércoles, 25 de marzo de 2015

Oídos Atentos



Las cosas no van bien en el país y los adultos lo sabemos y nos tragamos a sorbos o sin paladear todo aquello que nos repugna y asusta: la violencia desmedida, la burocracia, la ineptitud de los gobernantes, la censura, el desempleo y un cúmulo de situaciones que parecen estar sacadas de películas de terror y no de la vida cotidiana. Es terrible pero nos hemos acostumbrado a vivir entre estos temas, a sonreír a pesar de las ausencias e injusticias y a intentar concebir nuevos proyectos e ideas aunque parezca que no tienen cabida.

Nos hemos acostumbrado a tal grado al malestar en el que vivimos que en el día a día se nos han olvidado los niños, saturados de imágenes violentas, de charlas de café que tienen que ver con gente que desaparece y estudiantes que matan, con periodistas amenazados y mujeres violentadas solo por ser mujeres. Hace un par de semanas Yolanda Reyes, una gran escritora colombiana que trabaja de forma incansable por la infancia publicó un articulo titulado "Los niños tienen orejas" en su texto habla sobre el trabajo que nos cuesta platicar con los pequeños sobre realidades de dolor y violencia.

Después de leer el articulo recordé que días antes Lucía mi hija de cinco años en medio de un desayuno familiar, soltó una frase apenas audible que en el momento me sorprendió, “oídos atentos” lo dijo como cantando, viéndome a los ojos y sin preguntar nada, luego se fue a jugar y el momento pasó tan rápido como había llegado, yo me quede pensando sobre la platica que en esa mañana había abordado las noticias de la semana y no encontré nada especial o alarmante para relacionarlo con las palabras de mi hija.

Luego llegó el articulo de Yolanda y pensé que tenía que rescatar lo sucedido así que ese día mientras comíamos le pregunté a Lucía sobre aquél “oídos atentos” que había soltado como un murmullo, pensé que tal vez no se acordaba pero en cuanto lo mencioné dejo la cuchara y comenzó a columpiarse en su silla y me dijo que lo había dicho porque estaba oyendo lo que platicábamos, ¿y qué platicábamos? Le pregunté sorprendida, su respuesta fue concisa pero tajante –de los muertos-. Cuando la escuché sentí que se me iba la fuerza, entonces vi que ella había dejado su silla y se encontraba pegada a la mía esperando que le dijera algo, solo pude decirle que a veces los adultos comentamos cosas que pasan sin explicarlas o aclararlas a los niños, le dije que siempre podía preguntarme sobre cualquier cosa que escuchara y que yo trataría de que lo entendiéramos juntas, entonces me abrazo se subió a mis piernas y se puso a llorar durante un  ratito, en medio del llanto me dijo –mami, es que me da miedo-

A mí también me da miedo, me da pavor que le pase algo a ella, que le toque este país que cada día se pone peor, que la sangre ajena se vuelva moneda corriente y que se nos olvide atender el miedo y la mirada de los otros. Por eso intento escribir y compartir esto que seguramente muchos ya han vivido porque como cuenta Yolanda los niños tienen orejas y ojos y un cerebro que intuye y sabe más de lo que queremos reconocer.


Nos leemos,

cj

La ilustración es de el cuento "Orejas de Mariposa" de Luisa Aguilar y André Neves de editorial Kalandraka


martes, 21 de febrero de 2012

Día Internacional de la Lengua Materna

Hoy se celebra el Día Internacional de la Lengua Materna, asunto que parece poquita cosa o tema del pasado, pero que cobra una enorme relevancia al tomar consciencia de que desde que el ser humano empezó a hablar han desaparecido alrededor de 30 000 lenguas. Una perdida irreparable del pensamiento y la cultura de diversas sociedades.


¿Por qué se pierde una lengua?

Las razones son amplias y complejas, tienen que ver con la forma en la que se ha configurado el mundo y la falta de uso y transmisión de la lengua. Actualmente se considera que una lengua está en peligro de extinción cuando la hablan menos de 100 000 habitantes.

En mi opinión es también un asunto de falta de tolerancia y respeto haca ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ falta de uso y transmia y respeto hacver con la forma en la que se ha configurado el mundo y la falta de uso y transmía la diversidad. Queremos que los demás hablen lo que nosotros entendemos y nos frustra y limita aquello que desconocemos.

Como mamás somos responsables del cariño que nuestros hijos sientan por el lenguaje, ellos hablaran como nosotros lo hacemos (si no me creen deténganse de vez en cuando a escuchar como estructuran frases y pongan especial atención en el tipo de palabras que utilizan). Las personas que nutren emocional y socialmente a los niños son también quienes les transmiten los cimientos del lenguaje.

No se trata de ser tratados vivientes de la lengua que hablamos, de entablar largas charlas sobre estructuras gramaticales o de planear juegos sobre sintaxis y semántica. Como suele suceder, la cuestión es mucho más simple de lo que imaginamos; se trata de hablar, de cantar, de rescatar del olvido, rimas, rondas, leyendas y tradiciones, de volver a volver a enamorarlos con la lectura de cuentos y poemas, de escucharlos y volver a pronunciar con ellos las palabras que no dicen con precisión.

Se trata como casi siempre en cuestiones de maternidad, de quererlos lo suficiente para respetar su andar por los caminos del lenguaje y ayudarlos a que aprendan a respetar y apreciar la diferencia. cj