Hace una semana Lucía y Gamba tuvieron su festival de
cierre de artes, llevaban días cantando las canciones de Pedro y el Lobo y estaban
tan emocionados que a quién se dejara le actuaban y platicaban sobre su
presentación.
De tanto oír a mi hija yo me aprendí las letras, los
tonos y la frase que le tocaba decir en su papel de cazadora, el día del evento
anticipaba con emoción la obra que ya me sabía hasta en sueños y verla jugar y
emocionarse en el escenario después de tan ansiada espera.
El día de la actuación todo fue diferente, yo
usualmente no lloro en sus presentaciones, al contrario, me divierto, me río y
me siento la madre más orgullosa y feliz. Pero esta vez desde que empezó la hermosa música de Sergei
Prokofiev, sentí que me dolía el corazón y se me aflojaban las piernas, a los
tres segundos un mar de lágrimas se me acumuló en la garganta y durante la
media hora del espectáculo, lloré y lloré escondida en una esquina.
Mi llanto, luego analicé, tiene que ver más con otras
cosas que con el recital de arte de Lucía. Tiene que ver más que nada con la
separación y los cambios que nos esperan cuando concluya este ciclo escolar.
Porque durante este año hemos aprendido a compartir un mismo espacio respetando
cada una las actividades de la otra.
A veces llegamos juntas pero cada quién se va
contenta a su área, Lucía a preescolar, yo a secundaria, nos vemos y abrazamos
en los pasillos sin detener demasiado el tránsito de la otra, comemos juntas
pero respetando nuestros tiempos y nos relacionamos con la comunidad de la otra
con gracia y cariño, pero siempre conscientes del espacio ajeno. Ha sido
increíble ver como Lucía construye y defiende sus espacios y cómo aprende a
respetar mi trabajo y los tiempos en los que además de ser su mamá soy maestra
y parte de una escuela.
Tristemente, la escuela se cerrará en julio, mi niña
comenzará en otra escuela y yo
estaré desempleada hasta nuevo aviso, sé que como lo hemos hecho en otras
ocasiones la vida se irá acomodando y encontraremos nuevas oportunidades y espacios
que compartir, pero a veces es importante soltar el llanto cuando una etapa se
acaba, cuando los ciclo que se pensaban para más tiempo duran menos de lo
esperado y cuando la cazadora más simpática de toda la obra te mueve el corazón y hace que salgan todos esos sentimientos guardados. cj
Ilustración de
La Abuela
No hay comentarios:
Publicar un comentario